lunes, diciembre 5, 2022

Podemos busca recuperar la visibilidad perdida tras la despedida de Iglesias

Díaz, que no es de Podemos y que por el momento aún no ha aceptado la propuesta de Iglesias de ser candidata a las próximas elecciones, ha heredado la batuta de Unidas Podemos en el Gobierno de coalición con el PSOE, en el que es la ministra mejor valorada por los ciudadanos y donde tendrá que defender la oposición de Unidas Podemos en temas tan espinosos como la subida del precio de la luz o la ampliación de El Prat.

El portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, Pablo Echenique, ya ha anticipado que darán «la batalla en todos los espacios (gobierno, parlamento, calle) para poner fin a este expolio» de los oligopolios eléctricos. Un anuncio de posibles movilizaciones en la calle contra la subida del precio de la luz y la falta de medidas del Ejecutivo del que también forman parte.

Díaz tendrá que lidiar con todas estas contracciones, mientras su compañera Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, mucho menos conocida, trata de reflotar Podemos desde que fue elegida el pasado 13 de junio en la cuarta asamblea del partido, conocida como Vistalegre IV.

Tras años de desapego hacia los territorios por parte de la dirección de Iglesias -muy centrada en Madrid-, Belarra ha iniciado una ronda de visitas que la ha llevado por el momento a reunirse con dirigentes de su partido en Andalucía, Euskadi, Valencia, Asturias y Cataluña.

Los viajes de la ministra navarra continuarán después de las vacaciones estivales porque para la nueva dirección de Podemos es fundamental reactivar y mimar a sus bases en todas las autonomías, donde Podemos ha ido perdiendo más y más peso, hasta quedarse incluso sin representación autonómica en territorios como Galicia, Castilla-La Mancha y Cantabria.

Además, si no hay sorpresas en el calendario, el primer gran examen de la nueva dirección de Podemos serán las autonómicas y municipales de mayo de 2023, donde Podemos buscará recuperarse de la debacle de hace dos años.

Antes de esa múltiple cita con las urnas, Belarra podría tener que hacer frente a una hipotética convocatoria anticipada de elecciones en Andalucía, el territorio de la cofundadora del partido Teresa Rodríguez, que acabó a codazos con Podemos y que defenderá su proyecto en una autonomía donde los morados aún no han articulado un liderazgo fuerte.

A la losa heredada de la necesidad de reconstruir el tejido territorial suma Belarra una dificultad: no es muy conocida, al contrario de lo que sucedía con Iglesias, cuyo hiperliderazgo conllevó que no emergiesen en sus mandatos nuevas voces dentro del partido.

Y quizás haciendo de la necesidad virtud, la nueva secretaria general de los morados quiere cambiar las cosas y ha creado una dirección «coral» en la que quiere dar protagonismo a otros compañeros que tendrán que asumir responsabilidades en la nueva etapa.

Sobre todo a compañeras, pues hay que bajar al quinto puesto de la dirección del partido para encontrar al primer hombre, Pablo Echenique, el portavoz en el Congreso que es a su vez secretario de Programa.

Además, aunque Belarra es heredera del proyecto de Iglesias, algunos de los colaboradores más cercanos al exvicepresidente han ido perdiendo peso, como es el caso de Juanma del Olmo -que sigue pero ahora encargado de la Escuela de Comunicación- y Manuel Levin, que ha salido de la dirección de Podemos.

La número dos de Belarra es la ministra de Igualdad, su amiga desde los tiempos de universidad Irene Montero, mientras que Lilith Verstrynge -excolaboradora de Iglesias en la Vicepresidencia Segunda- ha tomado el mando de la Secretaría de Organización e Idoia Villanueva ocupa la Secretaría de Internacional y Relación con otras fuerzas.

Que la número 4 del partido se ocupe de las alianzas con otros partidos da cuenta de hasta qué punto es consciente Podemos de la necesidad de restablecer los puentes rotos en el pasado con otras formaciones.

«Debemos estar siempre abiertas a confluir con otras fuerzas políticas con las que ya lo hicimos en el pasado», decía el proyecto con el que Belarra ganó la asamblea, aunque lo que está por ver es si ese ánimo por unir a la izquierda se extiende a fuerzas clave que, como el Más País de Íñigo Errejón, procede del propio Podemos.

Una puerta que sí parece querer abrir la vicepresidenta tercera del Gobierno, Yolanda Díaz, que, sin confirmar aún si quiere ser candidata de Unidas Podemos, pide a todos altura de miras para superar la actual confluencia de los morados -de la que forman parte los comunes e IU- y aunar a más fuerzas y grupos a la izquierda del PSOE.

Por el momento, Díaz ya ha recibido halagos de dirigentes como Mónica Oltra, de Compromís, cuya formación se alineó en las últimas generales con Más País, aunque en la coalición valenciana siempre ha habido quien prefería el pacto con Podemos.

Esta estrategia de Yolanda Díaz de buscar marcas que puedan ser aliadas y también su imagen de persona cercana y conciliadora podría chocar con los intereses del líder de Más País, Íñigo Errejón, que, por el momento sin más poder territorial que el madrileño, trabajaba en sumar a socios autonómicos, como ya logró con Compromís.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, además, es según el CIS la líder política más valorada del país y ha marcado un estilo propio de relación con el PSOE, basado en la discreción y las buenas formas en lugar de externalizar las disputas como hacía Iglesias y hace ahora Belarra.

De hecho, en las últimas semanas, la ministra de Derechos Sociales ha destacado el perfil de Podemos republicano, feminista, ecologista e izquierdista, y a la vuelta del verano tendrá que retomar cuestiones pendientes como la regulación de los alquileres, la subida del Salario Mínimo Interprofesional o el aumento de la presión fiscal, principalmente a las grandes fortunas y la banca.

En solo dos meses, Belarra ha puesto en marcha la maquinaria para que Podemos reflote sin Iglesias, pero el reto no es fácil, más aún cuando su carisma político y mediático aún resuenan con fuerza en la formación morada pese a que por el momento se haya borrado de un plumazo del mapa. EFE

 

Lourdes Velasco

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