jueves, junio 20, 2024
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Alimentación saludable también en Navidad

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Hoy día cualquier celebración tiene lugar alrededor de la mesa, pero llegadas estas fechas de Navidad, donde celebramos las comidas de amigos, compañeros de trabajo y toda la familia reunida, con la cena de Nochebuena, comida de Navidad, cena de Fin de Año, Reyes y su roscón, compartimos alimentos más lujosos de lo habitual y/o preparaciones más elaboradas para proporcionar un ambiente más festivo. Esto es sin lugar a dudas una de las identidades de las fiestas y de los momentos que más se disfruta, pero a la vez nos encontramos con un problema de salud si no sabemos controlar los excesos, y cuando han pasado las fiestas, en plena cuesta de enero, nos pesamos de espaldas a la báscula. Hay que mentalizarse y  pensar en lo que va a costar perder el peso ganado. Que sea Navidad no es motivo ni justificación para engordar. Una mesa rebosante de manjares es una ostentación innecesaria.

Particularmente creo que en estas fechas no vamos a estar contando las calorías y manteniendo la rigurosa dieta que mantenemos el resto del año, la Navidad tiene lugar una vez al año y hay que disfrutar de los platos tradicionales, es el mejor momento y los días adecuados para hacerlo. Debemos, eso sí, actuar con la cabeza y aplicar una serie de normas que nos van a servir para que una vez pasadas las fiestas, no nos tengamos que arrepentir más de la cuenta.

Imponte días de restricción antes y después de las fechas más señaladas, comiendo menos de lo habitual. Si lo haces, el balance global será más equilibrado al final de las fiestas.

Hay que cocinar sólo la cantidad que se va a comer el día de la celebración, evitando que estas preparaciones sigan presentes en la mesa durante los días o semanas siguientes. Lo mismo sucede con los turrones, barquillos y polvorones. Es necesario planificar bien la compra. Hay que comerlos “cuando toca” y con moderación evitando tener restos en casa durante todo enero. Preparar unos entrantes ligeros antes de servir los platos fuertes a base de ensaladas, marisco hervido y carnes magras como el jamón. Los segundos platos suelen ser los que más calorías contienen, por este motivo es  recomendable que te alejes de los fritos, rebozados o empanados.
Del mismo modo, no abuses de la carne de cordero.

Intenta pasarte al tradicional pavo de Navidad, con su carne blanca y su característico aroma. Procedente de América, la costumbre de tomar pavo se remonta al siglo XVI, cuando llegó por primera vez a Europa traído de México a España por unos jesuitas. Aunque fue en el s. XVII cuando el rey inglés Enrique VIII decidió cambiar la, hasta entonces, tradicional oca de Navidad que se tomaba en Inglaterra desde la época medieval, por el pavo, que rápidamente fue tomando adeptos en toda Inglaterra. Especialmente popularizado por Charles Dickens en su libro “Una Canción de Navidad”. Eso sí, cuidado si lo rellenas porque entonces estarás añadiendo calorías extras.

Puedes comer de todo lo que se ofrece intentando no llenar los platos más de lo que lo haces habitualmente en tu alimentación diaria. Come despacio, con tranquilidad y masticando bien los alimentos.

La Navidad es también conocida por sus bebidas ricas en calorías, tales como el ponche de huevo y chocolate. Al igual que ocurre con las comidas, las bebidas de Navidad también pueden descarrilar una dieta saludable. Hay que limitar las copas de vino durante la comida, no te olvides de beber también agua y resérvate la copa de cava o champán para brindar.

Uno de los grandes problemas de las comidas navideñas se nos presenta a la hora del postre. Ese fatídico momento en el que la mesa se llena de turrones, barquillos, mazapanes, polvorones y todo tipo de dulces. Siempre podemos acudir a la opción de consumir turrones light, es decir, sin azúcar. Aunque en esta elección hay un inconveniente ya que una de las razones por las que los dulces son tan calóricos es porque llevan sacarosa o azúcar blanco, el cual no aporta ningún nutriente.
En estos productos light esta sustancia está sustituida por la fructosa, la cual es prácticamente igual de calórica, pero por lo menos es más alimenticia.

Aunque hayas realizado una comida copiosa no te saltes otras comidas. Es preferible que hagas las tres comidas principales aunque sean más suaves, por ejemplo un poco de verdura hervida, un pescado blanco a la plancha y de postre un yogur desnatado. La piña y la papaya son frutas bajas en azúcar y con efecto diurético que te pueden ser de gran ayuda si tienes digestiones pesadas.

Al terminar las comidas… ¿por qué no salir a dar un paseo en familia?.

Valor, muchísima suerte, y sobre todo… ¡Feliz Navidad!.

Estrella Digital/EP

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