miércoles, diciembre 7, 2022

Los vestidos más icónicos de la historia del cine

Febrero, mes del amor, de la moda y sobre todo del cine. Por ello, y por la unión de amor que une al celuloide y a la moda, desde aquí queremos hacer un repaso a los vestidos más bonitos e icónicos de la gran pantalla. Son muchos los que han pasado a la historia, ya sean de épocas pasadas, históricos, de magia y fantasía o diseños más recientes. Aquí no están todos los que son, pero sí son todos los que están.

Marlene Dietrich en Marruecos y Shanghai Express. (1930) (1932)

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Que en los años 30 triunfara una mujer de una elegancia andrógina y que lo hiciera luciendo los pantalones como nadie, la convirtió en mito. La Dietrich lució a lo largo de casi cincuenta años lo que en su día hizo mundialmente famoso, un frac y un sobrero de copa. Jugaba como nadie  con la ambigüedad entre lo masculino y lo femenino. En Shanghai Express la pudimos ver con un impresionante vestido de plumas y chaleco, firmado por el estilista Travis Banton.

Greta Garbo en Mata Hari. (1931)

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En el vestuario que realizó Gilbert Adrian, abundan los diseños orientales, con incrustaciones doradas y unos complementos maravillosos. Fue inspirado en las creaciones del diseñador francés Paul Poiret.

Judy Garland en El mago de Oz. (1939)

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El vestido de Dorothy de cuadros azules a modo de delantal con su blusa blanca con mangas abombadas, ha sido uno de los diseños ya icónicos en la historia del cine. El vestuario se lo debemos a George Cukor.

Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó. (1939)

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Fue una de las mejores películas de todos los tiempos y que conseguiría 10 estatuillas. Walter Plunkett creó para Escarlata O´Hara este magnífico vestido en organza blanca y flores verdes, y que Scarlett (Vivien Leigh) lució como nadie para acudir a una merienda campestre. Fueron más de 5.000 prendas para el rodaje.

Rita Hayworth en Gilda. (1946)

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Una canción (“Put the blame on Me”), una escena, una mujer espectacular protagonizando un striptease con sus largos guantes de satén, una bella actriz interpretando a «Gilda»: la inigualable Rita Hayworth. Otro gran icono de Hollywood, otro gran vestido, esta vez de Jean Louis.

Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias (1953) y La tentación vive arriba (1955)

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Un vestido palabra de honor en satén fucsia, mientras hacía el histórico número musical «Diamonds are a girl's best friend», de la película «Los caballeros las prefieren rubias» y subastado en 2010 por 256.000 euros. Pocos vestidos en la historia han llamado tanto la atención como ese, y más en una época como aquella.

Si vemos una salida de aire siempre se nos viene a la cabeza la imagen en la que una sexi y provocadora Marilyn hacía suspirar a hombres y soñar a mujeres en poder vestir ese inolvidable vestido blanco, creación de Bill Travilla, para «La tentación vive arriba».

Grace Kelly en  La ventana indiscreta (1954) y Atrapa a un ladrón (1955)

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Bajo la dirección de Hitchcock, pudimos ver a la que más tarde se convertiría en princesa de Mónaco, en “La ventana indiscreta” donde aparece con este precioso conjunto de top negro y falda de seda de vuelo, diseñado por  Edith Head, con collar de perlas y unos guantecitos blancos que completaban el look.

Un año después también diseñaría para ella en “Atrapa un ladrón” este maravilloso vestido azul de diosa griega.

Audrey Hepburn por partida triple, en Sabrina, Desayuno con Diamantes y My Fair Lady. (1954) (1961) (1964).

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Givenchy fue el creador y el encargado de este inolvidable vestuario para Audrey en Sabrina, lo que la convertiría después en musa del diseñador y de la firma. 

Años después haría lo mismo con el vestido negro de Hepburn. A pesar de su sencillez, sólo es apto para unos poco bolsillos: en 2006, el vestido fue subastado en Christie's por nada menos que 700.500 euros, el precio más alto jamás alcanzado en esa subasta por un prenda confeccionada para el cine.

La diseñadora Edith Head creó los magníficos vestidos de My Fair Lady.

Liz Taylor en Cleopatra. (1963)

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La historia ha inspirado a la moda y hacer grandes películas. Una de ellas llevada a la gran pantalla majestuosamente, con más cambios de vestuario que hasta hoy sean conocido, es en la que Liz Taylor luciría 65 vestidos, dando vida a la gloriosa Cleopatra. Es la segunda película más cara de toda la historia (la primera es Piratas del Caribe) y el vestuario oscarizado corrió a cargo de Vittorio Nino Novaresse, Renié e Irene Sharaff.

Olivia Newton-John en Grease. (1978)

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Ambientada en los 50, Grease ha marcado tendencia en el cambio que llevó a cabo su protagonista  Sandy de “niña buena” a “chica mala”. Los diseñadores de vestuario son Betsy Coz para mujer y Bruce Walkup que se encargó de la parte masculina.

Julia Roberts en Pretty Woman. (1990)

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Un vestido rojo, atemporal y maravilloso, es el que Nino Cerruti creó para la novia de Hollywood. Ni su diseño ni esa película se olvidarán jamás.

Kate Winsley en Titanic. (1997)

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Deborah Lynn Scott se encargó de realizar los trajes para la película, lo que le llevaría a ganar ese año un Oscar al mejor vestuario.

Cate Blanchett en Elizabeth. (1998)

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Las películas de época siempre nos han dejado unos vestidos maravillosos, este es el caso del fastuoso vestuario que Alexandra Byme creó para ella.

Nicole Kidman en Moulin Rouge. (2001)

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Son algunos de los diseños más bonitos en la historia del cine y su creadora fue Catherine Martin, quien obtuvo el Oscar por estas maravillosas creaciones. Quiso rescatar el glamour de las grandes divas de los años 40 y 50, por eso su vestido de seda rojo, que luce durante su cita con Christian, viene inspirado por Gilda.

Kirsten Dunst en Maria Antonieta. (2006)

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La gran diseñadora y oscarizada figurinista Milena Canonero diseñó este fastuoso vestuario que le valió el Oscar y que todos recordaremos por el guiño a aparecer en el films una zapatillas Converse en color celeste en una de sus escenas.

Sara Jessica Parker en la película Sexo en Nueva York. (2008)

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A lo largo de la serie y de las dos películas que se rodaron, muchos fueron los diseñadores que vistieron a la protagonista de Sexo en Nueva York, pero solo una Vivienne Westwood, fue la encargada del diseño con el que Carrie Bradshaw quiso casarse la primera vez. No nos olvidemos del espectacular tocado en forma de pájaro azul que completaba su look nupcial.

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