miércoles, diciembre 7, 2022

Beatriz Uriarte, abogada penalista: “No podemos caer en el ridículo de negar un problema real, el debate es cómo atajar la violencia de género”

Las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada», para concretar la magnitud del problema hablamos con la abogada penalista Beatriz Uriarte, experta en violencia de género y delitos sexuales respaldada por un historial repleto de casos de éxito, con quien analizaremos como la violencia machista puede afectar negativamente a la salud física y mental de las mujeres y las consecuencias judiciales de esos hechos.

PREGUNTA. ¿Qué efectos tiene la violencia de género en las mujeres?

RESPUESTA. Por la experiencia de las mujeres que acuden a nuestro despacho tengo que decir que este tipo de violencia provoca efectos demoledores en las víctimas. Los más visibles los físicos, los más severos la incapacitación, el coma o incluso a la muerte, pero los más silenciosos y letales los psicológicos, que son lo que debilitan a las víctimas para que no sean capaces de denunciar, en muchas ocasiones debido al miedo de posibles repercusiones para ellas o sus seres queridos.

P. ¿Qué tipos de violencia de género existen?

R. Existen muchas maneras de dañar a una persona, y aunque la más palpable es la violencia física, y antes destacaba la violencia psicológica, también podemos reseñar la violencia sexual, aunque de algún modo podría considerarse dentro de la violencia física; también la violencia económica, impidiendo el acceso de la víctima al mercado laboral; la violencia patrimonial, considerando la misma como la usurpación o destrucción de objetos, bienes y propiedades; la violencia social, basada en la limitación, control y la inducción al aislamiento social de la persona; y por supuesto, dado que un gran número de parejas en las que se produce violencia de género tienen hijos, ello puede desencadenar en la violencia vicaria. Como ves son muchas las caras de un mismo problema.

P. ¿Podemos decir que estamos ante una complicación que se macera en pareja o el seno del hogar?

R. Ni mucho menos. Erróneamente tendemos a pensar que la violencia de género es la existencia de malos tratos en situaciones de pareja, pero no es exclusiva del ámbito de las relaciones de pareja, pudiendo darse con tu ex pareja, la propia familia o las instituciones. Por ello es tan necesaria la educación, la prevención y olvidarnos de los estereotipos.

P. ¿Qué magnitud tiene la violencia de género en la actualidad?

R. Voy a dar datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud) que citan que la cuarta parte de las mujeres de entre 15 y 49 años que han tenido una relación de pareja han sido objeto de violencia física y/o sexual al menos una vez en su vida. Y a nivel mundial, hasta el 38% de los asesinatos de mujeres son cometidos por su pareja. Además de la violencia de pareja, el 6% de las mujeres de todo el mundo refieren haber sufrido agresiones sexuales por personas distintas de su pareja. Las cifras no dejan lugar al debate, y los confinamientos durante la pandemia de COVID-19 han traído aparejados más comportamientos abusivos y nuevas formas de violencia contra las mujeres.

P. ¿Qué herramientas tiene una mujer maltratada para escapar de la situación?

R. El sistema no es perfecto, pero cada día mejora y ofrece mayores garantías para quienes se deciden a dar un valiente paso al frente. En primer lugar, nos encontramos con abogadas y abogados expertos en violencia de género, lo cual nos otorga una perspectiva más completa del momento en el que está la víctima y de que camino es el más correcto para llevar ante la justicia a su verdugo.

Por otro lado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están más sensibilizados, tienen protocolos concretos y se refuerza con formación específica. Así también los hospitales y juzgados han dado pasos agigantados en esta materia, pero todo ello no se activa si la víctima, su entorno o un testigo no denuncian. Denunciar es fundamental.

P. Decía que el sistema no es perfecto ¿en qué falla?

R. No podemos perder de vista que las mujeres víctimas de violencia de género experimentan un proceso judicial muy largo en el que en muchos casos mantienen vínculos con el agresor, sufren la presión de los hijos o la familia, soportan amenazas o sufren la dependencia económica.

El sistema también falla en esa protección de las denunciantes, en donde la víctima debe estar asistida y acompañada a pesar de los plazos dilatados, muchas veces porque los juzgados de familia están saturados o por el desbordamiento de equipos especializados como los psicólogos, necesarios para emitir informes periciales. También fallamos como sociedad y sistema en la revictimización de la denunciante, haciéndole revivir un infierno demasiadas ocasiones. Y por supuesto es necesario reclamar una inmediata acomodación de las leyes a la nueva realidad social que aportan las nuevas tecnologías, con la puesta en marcha de sistemas eficaces de protección a las víctimas.

Pero esta crítica no puede hacer olvidarnos, y tenemos que insistir, en que lo más importante es denunciar lo antes posible para poner freno a una escalada en la violencia que se va a producir de no tomarse medidas.

P. ¿Comprende a quienes cuestionan la violencia machista?

R. Simplemente cuestionar la existencia de la violencia de género provoca que muchas mujeres tengan miedo a ser señaladas y obstaculiza que muchas de ellas puedan dar el primer paso para salir del círculo de la violencia. No podemos caer en el ridículo de negar un problema real y constatable, el debate se debe centrar en cómo atajar la violencia de género, un problema que existe, arruina vidas y genera muertes.

A.M.

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