sábado, julio 20, 2024
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El efecto de nuestras heridas emocionales en la elección de nuestro círculo social

Marian Rojas Estapé apunta que tendemos a sentirnos atraídos hacia personas que nos resultan familiares, aunque esa familiaridad no siempre sea positiva

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La complejidad de las relaciones humanas no deja de sorprendernos, especialmente cuando observamos cómo tendemos a rodearnos de personas con características muy similares. Aunque este fenómeno pueda parecer trivial, tiene implicaciones profundas en nuestra vida emocional y social. Según Marian Rojas Estapé, psiquiatra de renombre y autora aclamada, la razón detrás de esta tendencia radica en nuestras experiencias y heridas emocionales acumuladas a lo largo de la vida.

La mochila de nuestras experiencias

Rojas Estapé nos invita a visualizar nuestras vivencias como una mochila que llevamos siempre con nosotros. Esta “mochila de la vida” está llena de recuerdos, emociones y cicatrices que influyen en cómo percibimos y nos relacionamos con los demás. “Todos nosotros traemos nuestras vivencias, nuestra historia, nuestras heridas emocionales, que hacen que ante ciertas personas nos sintamos cómodos o nos sintamos alejados”, explica la experta. En otras palabras, tendemos a sentirnos atraídos hacia personas que nos resultan familiares, aunque esa familiaridad no siempre sea positiva.

La influencia de la infancia

Un componente crucial en este proceso es la infancia. Durante nuestros primeros años de vida, internalizamos comportamientos y patrones que presenciamos en nuestro entorno familiar. “Todos nosotros tenemos en nuestra infancia cosas que hemos vivido que las validamos en la infancia como buenas, porque lo conocido en casa siempre es bueno”, comenta Rojas Estapé. Este aprendizaje precoz nos lleva a considerar ciertas conductas como normales o incluso deseables simplemente porque eran comunes en nuestro hogar.

A medida que crecemos, comenzamos a cuestionar estas normas y a reconocer que algunas de ellas pueden ser negativas o perjudiciales. No obstante, la psiquiatra advierte que este reconocimiento no siempre es suficiente para cambiar nuestros comportamientos. “Cuando nos vamos haciendo mayores, nos vamos dando cuenta de que algunas de estas cosas son negativas, nos perjudican o, incluso, son profundamente tóxicas”, afirma.

La repetición de patrones

El problema surge cuando no trabajamos para sanar estas heridas y continuamos replicando los patrones aprendidos en nuestra infancia. Como señala Rojas Estapé, es como si lleváramos un radar interno que nos dirige hacia lo conocido, aunque no siempre sea lo mejor para nosotros. Este radar nos puede llevar a repetir vínculos con personas que no nos convienen, perpetuando ciclos de relaciones dañinas.

“A veces no hemos hecho un trabajo para superar eso y, entonces, repetimos esos patrones, repetimos vincularnos con personas que no nos convienen, porque eso que vivimos durante nuestra infancia no lo tenemos bien sanado”, advierte Rojas Estapé. Este ciclo de repetición puede impedirnos establecer relaciones saludables y satisfactorias, manteniéndonos atrapados en dinámicas destructivas.

La buena noticia es que estos patrones no son inamovibles. Reconocer la influencia de nuestras experiencias pasadas en nuestras elecciones actuales es el primer paso hacia la transformación. Rojas Estapé enfatiza la importancia de trabajar en nuestras heridas emocionales para liberarnos de estos ciclos. Aunque este proceso puede ser desafiante y requerir tiempo y esfuerzo, es fundamental para construir relaciones más saludables y enriquecedoras.

“Necesitamos trabajar en nuestras heridas del pasado para dejar de tropezar con la misma piedra”, insiste la psiquiatra. Al tomar conciencia de nuestros patrones y su origen, podemos empezar a cambiarlos, abriendo la puerta a una verdadera transformación personal.

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