viernes 06.12.2019

Las falsificaciones llegan al mundo del perfume

Con motivo de la entrega de los Premios que anualmente concede la Academia del Perfume, su presidente Juan Pedro Abeniacar, alertó sobre el quebranto que está ocasionando en este sector las falsificaciones, que según la OAMI (Oficina de Armonización del Mercado Interior) ha ocasionado ya un 17% de sus ventas anuales. Lo que sin duda alguna supone un grave problema para las marcas de lujo, no solo porque estas falsificaciones se vendan en mercadillos sin control alguno, sino por el riesgo que ello supone para la salud de quienes los utilizan.

Si algo garantizan las marcas de perfumería y cosmética clásicas es su calidad pero sobre todo su inocuidad. Algo que no pueden ofrecer las falsificaciones por la sencilla razón de que en la mayoría de los casos lo que contienen son materias perjudiciales y prohibidas por su peligrosidad.

Otro aspecto que quiso destacar en su intervención el presidente de la Academia es el desarrollo que están tomando las compañías de equivalencia. ¿Qué es eso? se estará usted preguntando. Para los no entendidos en la materia son las marcas que ofrecen fragancias equivalentes a las conocidas por el gran público -Dior, Chanel, Valentino, Carolina Herrera, Antonio Banderas, por poner solo algunos ejemplos conocidos-, y que se venden a un precio que llega a ser la décima parte del producto original. El problema es que como nadie da duros a peseta, su uso está perseguido de oficio, debido a que las compañías de perfumería, en defensa legítima de sus marcas, han iniciado con gran éxito una lucha jurídica contra esas compañías, con sentencias muy favorables que reconocen que dicha práctica es competencia desleal y un aprovechamiento ilegal de la imagen de la marca.

De ahí la necesidad de trasmitir desde las grandes compañías y desde la propia Academia del Perfume, que una fragancia que cuesta 10 euros no puede ser idéntica a otra que vale 80 euros. Un precio que está directamente relacionado con lo que gastan las grandes marcas en investigación, por ejemplo, o en buscar productos que den a sus perfumes o aguas de colonia ese toque tan personal que le distingue del resto. Así por ejemplo 1 kilo de esencia de Rosa centifolia cuesta más de 10.000 euros. Una cifra desorbitante que solo pueden adquirir unos pocos, sin duda los que más invierten para conseguir un producto que es el que marca la diferencia.

Pretender como se pretende desde algunos sectores que todo lo que adquirimos sea gratis o barato no justifica que se manipulen los productos, o que se falsifiquen con el riesgo que esto tiene no solo para la economía, también para la salud. Para la economía porque tras ese sahariano al que usted le compra un bolso de imitación o un perfume de marca falso, se esconde un mercado negro que puede tener sus tentáculos o sus terminaciones en paraísos fiscales donde no se pagan impuestos, que son los que nos permiten construir mejores hospitales o mejores universidades.

Lo barato siempre es caro

La mejor forma de luchar contra este mercado negro es concienciarnos de que lo barato siempre es caro. El resto corresponde solucionarlo a la policía y a los jueces, que son los encargados de velar no solo por nuestra seguridad también por nuestra salud.

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