viernes 3/12/21

Ciudades sustentables para la libertad y el medio ambienteII. Repertorio de propuestas y Agenda Local-21

Seguimos hoy la serie que iniciamos el sábado 3 de octubre sobre el futuro de las ciudades, que empezamos con un análisis de las ciudades de ayer; y de hoy en un mundo cada vez más superpoblado.

En esta segunda entrega nos ocuparemos del repertorio de propuestas sobre edades sostenibles y acerca de la llamada Agenda Local 21. Subrayando, como muestra de la importancia del tema, su incidencia en el debate social, pues si en el siglo XIX el debate social se centró en la lucha de clases, en la última parte del siglo XX y en el XXI —sobre todo en los países más avanzados—, ha ido polarizándose en los riesgos ecológicos; que ya no están ligados a un concreto lugar de origen, sino que, por su naturaleza, suponen una amenaza para todas las formas de vida existentes en el planeta. Esa fue precisamente la tesis difundida en Estocolmo-72 por Barbara Ward y René Dubós, con su libro ''Un solo mundo''. Con temas ya planteados antes por Philippe Saint Marc, en 1971, en su inolvidable libro Socialización de la Naturaleza.

En otras palabras, los riesgos ecológicos están por encima de las clases sociales, hasta el punto de que, con tono incluso sarcástico ha llegado a decirse que "la pobreza es jerárquica, en tanto que el smog es democrático". Con la consecuencia última de que la dinámica social de las amenazas ecológicas ha superado las tradicionales polémicas sobre renta o posición social; siendo muestra de ello el tema de la lucha contra el calentamiento global, el Protocolo de Kioto y el futuro (desde 2012, esperemos) Protocolo de Copenhague.

En 1993 el Grupo de Expertos sobre Medio Urbano (GEMAU) y la Comisión Europea pusieron en marcha la primera fase del proyecto de ciudades sostenibles para el período 1993-1996, al objeto de contribuir a una mayor reflexión sobre la sustentabilidad, fomentar un amplio intercambio de experiencias, difundir las mejores prácticas de sustentabilidad a escala local. Y a largo plazo, en la idea de hacer recomendaciones sobre cuestiones locales y regionales de los Estados miembros y de la propia Unión Europea. Todo ello, en línea con lo que se pidió en 1991 en una Resolución del Consejo de Ministros de la CE.

Una vez constituido, el GEMAU trabajó a lo largo de tres años en la elaboración de un Informe sobre las ciudades europeas sostenibles (ICES), con la ayuda de Euronet, que desempeñó el papel de secretaría científica y técnica. El GEMAU se organizó en una serie de comités especializados sobre:

- Integración social

- Movilidad y acceso urbano

- Planificación y espacios públicos

- Difusión de proyectos entre la ciudadanía

- Sistemas sociales sostenibles

- Ocio, turismo y calidad del entorno

- Gestión técnica de las ciudades

- Gestión urbana holística

- Rehabilitación de barrios y viviendas

Con tantos matices a la vista, el ICES se centró en la relación entre aspectos institucionales y ambientales, a fin de estimar las posibilidades de las administraciones locales. Algo en verdad trascendente, frente a la actitud de los Estados federados -o semi-federales, integrados por Länder, CC.AA., gobiernos regionales, etc-, que con tantos poderes como ostentan, a veces se comportan como nuevos focos centralistas, absorbentes de los recursos que más que nada necesitan las ciudades; para tareas múltiples que nadie sino ellas han de asumir, tantas veces in extremis.

Las expuestas circunstancias, exigen una profunda revisión de las políticas públicas, para hacerlas menos autoritarias, racionales y solidarias; teniendo en cuenta que según la teoría de ecosistemas, la ciudad constituye un todo complejo, caracterizado por continuos procesos de cambio y desarrollo. En ese planteamiento, resultan relevantes aspectos como el consumo de energía, la generación de residuos, el tráfico y el transporte público.

Pero obviamente no ha sido sólo la UE la que se ha ocupado del tema, sino que ha habido una serie de experiencias de las que aquí recogemos las más interesantes. Empezando por 1987, cuando once ciudades europeas (número que ha ido creciendo hasta el medio centenar) se convirtieron en fundadoras del proyecto Ciudades Saludables de la OMS; a favor de la mejora de las condiciones interactivas de salud y medio ambiente.

Por otro lado, en 1990, el Centro de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos (Habitat), inició su propio programa de ciudades sustentables, con el objetivo de proporcionar a los países en desarrollo mejores sistemas de planificación y gestión ambiental.

También en 1990, representantes de más de 200 autoridades locales de todo el mundo fundaron el Consejo Internacional de Iniciativas sobre el Medio Ambiente Local (ICLEI), en pro del futuro sostenible, contando para ello con el patrocinio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA. El ICLEI, que tiene su sede en la de la ONU en Nueva York, constituye una red de autoridades locales para el intercambio de experiencias, difundiendo los ejemplos del mejor hacer ambiental. El ICLEI promociona también el Programa de Comunidades Modelos de la Agenda Local 21, tema al que nos referiremos después.

En la senda que estamos recorriendo, en agosto de 1991, 130 ciudades suscribieron la Declaración de Toronto sobre Ciudades del Mundo y su Medio Ambiente, en la que se comprometieron a elaborar planes de desarrollo sostenible. Debiendo señalarse que Canadá, con Toronto y Montreal, es uno de los países más activos en el tema que nos ocupa.

Por su parte, en mayo de 1992, 45 ciudades participes del Foro Urbano Mundial -dependiente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente-, firmaron el Compromiso de Curitiba (Brasil) en defensa del desarrollo urbano sostenible. Un documento en el que se es esbozan las directrices de actuación a seguir a la hora de elaborar planes de desarrollo sustentable, siempre en colaboración de autoridades y ciudadanos.

Igualmente, hay que citar el esquema de Gestión Urbana del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo con sede en Nairobi) y el Banco Mundial (1993).

Para terminar la relación de planteamientos hechos sobre ciudades sustentables, citaremos el Programa Urbano de la OCDE (1994), cuya meta consiste en mejorar los conocimientos sobre los ecosistemas de las zonas urbanas, evaluar ejemplos de buen hacer, y medir la eficacia de las políticas de las autoridades locales y otras instituciones públicas, privadas o de voluntarios, en los diversos niveles de gobierno. Dentro de ese Programa Urbano, destacaremos el proyecto de las Ciudades Ecológicas, que también va a merecer una mención específica en el presente estudio (será el tercer artículo de la serie).

En la misma línea de iniciativas en pro de ciudades sustentables, los Estados miembros de la UE se comprometieron, en el Consejo Europeo celebrado en Lisboa en junio de 1992, a elaborar planes nacionales de aplicación de la Agenda Local 21. Un esquema de acción nacido en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente celebrada en Río de Janeiro en 1992 (la Cumbre de la Tierra); y desarrollado tiempo después a escala europea en la llamada Carta de Aalborg, por haber sido en esa ciudad danesa donde se adoptó su redacción final, que incluye las notas fundamentales del proceso de la Agenda 21 Local, que con algunos solapamientos inevitables entre ellos, son los siguientes:

- Sostenibilidad, como idea de preservación del capital natural. Lo cual exige que el consumo de recursos naturales, hídricos y energéticos renovables no supere la capacidad de los sistemas naturales para reponerlos, y que la velocidad a la que consumimos recursos no renovables no supere el ritmo de su sustitución por recursos renovables duraderos. La sostenibilidad ambiental significa, asimismo, que el ritmo de emisión de contaminantes no vaya más allá de las capacidades de regeneración del aire, agua y suelo sobre los que se trabajan. La sostenibilidad ambiental implica, además, el mantenimiento de la diversidad biológica, la salud pública y la calidad del aire, el agua y el suelo a niveles suficientes para preservar la vida y el bienestar humanos, así como la flora y la fauna.

- Trabajar dentro de los ecosistemas, teniendo en cuenta su capacidad de carga, y relacionando siempre los sistemas creados por el ser humano con los ecosistemas naturales, y tomándolos como modelos de gestión.

- La participación ciudadana. El desarrollo sostenible implica tomar importantes decisiones entre objetivos en conflicto y grandes cambios en el modo de vida de las comunidades, por lo que no puede imponerse desde arriba. La colaboración de los ciudadanos es una consecuencia directa de los principios de concertación y responsabilidad compartida en términos de:

-Aceptación y respaldo social al Plan.

-Asunción de compromisos y responsabilidades por parte de la sociedad.

-Aceptación de determinadas acciones y actuaciones que comportan algún tipo de sacrificio en la población; que fuera de un contexto global serían difíciles de plantear y asumir políticamente.

En todo caso, el impacto de la Agenda Local 21 no ha llegado a su posible potencial, que es enorme. En cierto modo, por el temor de las propias municipalidades de que los ciudadanos puedan asumir demasiados poderes propios y directos que pusieran en peligro sus jerarquías.

Seguiremos, queridos amigos de ESTRELLA DIGITAL, la próxima semana.

Ciudades sustentables para la libertad y el medio ambienteII. Repertorio de propuestas...
Comentarios