jueves 2/12/21

Berlín en la UE

Mientras la UE se prepara para elegir el próximo jueves 19 a los nuevos líderes que tienen que ayudar a poner en práctica el Tratado de Lisboa, durante estos días se suceden las conmemoraciones por el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Efectivamente, el 9 de noviembre de 1989 el mundo asistió atónito al comienzo de una serie de acontecimientos que iban a cambiar el mapa geopolítico mundial en un breve lapso de tiempo. Y así, el 3 de octubre de 1990, al unirse la República Democrática Alemana (RDA) a la República Federal, la Unión Europea pasó a tener cinco regiones más a las que habría de prestar ayuda especial: Brandenburgo, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia.

La reunificación alemana planteó una circunstancia excepcional en la Unión, pues esos cinco antiguos Estados de la RDA pasaban al seno comunitario desde un régimen comunista que atravesaba una seria crisis económica, sin necesidad de tratado de adhesión, al formar parte éstas de un país que no sólo era miembro de la Unión, sino un socio fundador.

En total, según David Abbott, portavoz de Política Regional de la Comisión Europea, la UE invirtió en la antigua RDA una cifra cercana a los 48.000 millones de euros desde que comenzaran las ayudas en 1991. Gran parte de esos fondos llegó en forma de Fondo de Desarrollo Regional, que fue el encargado de disminuir los desequilibrios en ámbitos como las infraestructuras y el transporte. Pero no hay que olvidar la importante labor del Fondo Social Europeo, el Fondo Europeo de Orientación Agrícola, y el Instrumento Financiero para la Orientación de la Pesca. Además, más recientemente, las regiones citadas contaron con las aportaciones el Fondo de Solidaridad en los casos de desastres naturales, o las del Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización para ayudar a los trabajadores desfavorecidos por la apertura de la economía.

Así pues, no cabe duda de que la reunificación alemana tuvo un coste significativo para la UE pero desdeñable si se piensa en lo que aportó al futuro de una Europa unida que superaba el secuestro de Occidente (Milan Lindera dixit), ante la mirada perpleja de tantos ciudadanos y líderes que veían imposible la unión de dos bloques tan diferentes.

Lejos quedan ya esas incertidumbres, pero hoy es bueno recordar que al final hubo un apoyo decidido de muchos ciudadanos europeos a esa reunificación, tanto de los de un bloque como los de otro. Y además, claro está, también es interesante analizar, como lo hace Jean Marie Colombani, que la ayuda prestada por Mitterrand a Helmut Kohl a fin de lograr el objetivo reunificador, favoreció el apoyo germano para con Europa que, según este importante periodista francés, daría origen al euro.

Momentos históricos los vividos en aquel 1989 que esta semana son celebrados con especial emoción por un Parlamento Europeo en el que tienen cabida eurodiputados de los dos antiguos bloques, presididos por Jerzy Buzek, antiguo primer ministro de Polonia, pero sobre todo ex dirigente del Movimiento Solidaridad. Momentos que deben ayudarnos a enfrentarnos al futuro de la UE que comienza a despertar del letargo institucional en el que se sumió en el 2005 con los resultados negativos de los referenda francés y holandés a la controvertida Constitución Europea. Momentos que deben servirnos para que permanezcamos alerta y podamos enfrentarnos correctamente ante los movimientos euroescépticos del Este, ante los límites de las próximas fronteras de la Unión o ante las complejas relaciones con Rusia, que deben abandonar cualquier escenario de confrontación y avanzar por el camino de la buena vecindad.

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