martes 15.10.2019

Moncho y Pedro, peor sin ellos

Con la partida de Moncho Alpuente y Pedro Reyes, dos personas de orden, del orden bueno, que se disfrazaban de gamberros para no desentonar demasiado en el salvajismo circundante, clarean las filas, nunca muy nutridas por lo demás, de los españoles libres, cumplidores, benéficos e irreductiblemente honrados. Tuvieron que disfrazarse de gamberros para no quedarse aislados y silenciados del todo, y para proveer con el trabajo a las necesidades de sus familias, hasta que el corazón, que es el órgano que acumula la tralla de la vida, se les ha roto.

El país, sin ellos, queda más descarnado: Rosa Díez y sus movidas; un sinfín de personajes hablando por los codos de lo que nada se sabe y de lo que nada saben, las causas del siniestro del Airbus; Alaya y sus redadas interminables; Ruz con su valentía y con sus miedos amagando sin dar a los responsables últimos de la Caja B del PP, la dirección del partido; el indescriptible comunicado de la separación de Pablo Iglesias y Tania Sánchez... Uf. Pedro Reyes y Moncho Alpuente no alcanzaron la gloria, pero sí la supervivencia, lo que en España, en todo caso, equivale a la gloria. Valían más, cada uno de ellos, que cualquiera de los monigotes sin gracia que vivaquean en la actualidad, dando la brasa.

Rosa Díez termina como empezó, peleándose con los suyos, pero, dejando a un lado los vedetismos, las soberbias o las ingratitudes que esmaltan su caso, no deja de ser una pena, y revelador, que el único partido que se ha batido el cobre (Herzog, Lozano) en el escándalo de Bankia y en defensa de sus víctimas, se vaya al carajo. Del tratamiento informativo de la tragedia del A-320, vencido al relleno, apenas se extrae otra conclusión de que tenemos muchísimos psicólogos dispuestos a descubrirnos la existencia del dolor y la conveniencia del consuelo. Alaya, a lo suyo, en su devoración, inasequible al desaliento. Ruz, dejando un sumario que tanto puede leerse al revés como al derecho. Y Pablo y Tania, la pareja que tenía nombre de cuento de Chéjov, o de Turgueniev, o de Gorki, con sus banalidades.

Moncho Alpuente y Pedro Reyes. Buen viaje, buena suerte.

Moncho y Pedro, peor sin ellos
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