domingo 26.01.2020

Indicadores, debate y oportunismo

Los indicadores pueden interpretarse de forma flexible, pero no son de goma. Desde hace meses, éstos marcan una tendencia de recuperación. Sólo el más dramático de ellos permanece en la tendencia negativa: es el del desempleo, el más importante en términos de realidad social. En cambio, las previsiones no es que sean de goma, es que son, sencillamente, al gusto de como los consideran los analistas de los mercados, que, mucho me temo, no son neutrales. Lo siento, no lo son.

Buena prueba de ello es la tolerancia que mantuvieron mientras se gestaba la crisis los expertos y reguladores que debían vigilar el correcto funcionamiento del sistema financiero y, también, los que cobran en las grandes agencias internacionales y medios económicos de gran prestigio por hablar y hablar en términos de previsión, oportunidades, diagnósticos y todo ese lenguaje que los mortales desconocemos porque su complejidad está construida para que así sea. Y que, por cierto, también es así ese lenguaje para justificar a posteriori lo que no se dedujo a priori.

Así que del debate entre Zapatero y Rajoy me quedo con los indicadores que hablan del camino hacia la salida de la recesión y del crecimiento de nuestra economía, que se conocieron minutos antes de su inicio. Entre otras cosas porque quiero que así sea, porque sólo la actividad económica derivará en crecimiento de empleo, que es, de verdad, lo que debería angustiar a quienes piden el voto a los que están preocupados por su trabajo. Y es lo que Rajoy debería poner en valor cada vez que abre la boca, y lo que es evidente que no hace.

El debate ha sido como siempre: una oportunidad perdida por un candidato incapaz. El debate ha sido entre candidato y presidente, sí. Porque Rajoy concibe la discusión sobre la situación económica como un debate electoral del que se debe deducir no una estrategia económica sino la conformación de un Gobierno diferente. Y ése es su error, que no analiza la crisis desde el punto de vista del común, lo hace desde el interés del oportunista que ve en ella la ocasión de redimir sus derrotas frente a su adversario obsesivo.

Rajoy no llegará a las generales como no llegará tampoco la recesión. Afortunadamente, cabriolas y devaneos aparte, la lógica del Gobierno se va materializando en hechos. Y los hechos dicen que los meses peores ya han pasado y que vamos por una senda correcta de recuperación, con dos características: una es la de que debemos afrontar la especificidad en términos de empleo de la crisis inmobiliaria y la otra, que en esta ocasión la penalización por la situación económica adversa no ha sido pagada por los trabajadores, los desempleados ni por los que padecen en situación de mayor riesgo los efectos devastadores de todo vaivén del sistema.

Quienes anunciaron el recorrido feliz de nuestros vecinos europeos por la senda de la recuperación despegándose de España, deberían citarlos también ahora para señalar que su carrera se ha detenido mientras la nuestra continúa. Y como no será así entre los comentarios de los expertos, como tampoco lo ha sido en el debate de los políticos, permítanme que en adelante ignore sus análisis, previsiones y juicios construidos sobre prejuicios e intereses con clara apariencia de oscuridad.

Algunos consideran que las crisis son una oportunidad. Es un principio recurrente. Pero para algunos es un principio equivocado. La crisis no es su oportunidad, señor Rajoy, cuatro millones de parados no se lo merecen. Y la crisis no va a ser la oportunidad de algunos señores de los negocios que desean reducir los derechos de los trabajadores aprovechando la negatividad de esta coyuntura.

Hoy confío más y soy más optimista. Se lo merece mí país. Espero que todos podamos sentir con fuerza confianza en nuestras posibilidades, en nuestro futuro y en salir adelante sin dejar a nadie atrás. Ésa es la oportunidad que nos brinda esta crisis. No debemos desaprovecharla.

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