miércoles 28/10/20

Jo, vaya mes

Cuentan quienes indagaron sobre lo que ocurrió la noche del 23-F en el Palacio de la Zarzuela, que el Príncipe Felipe, que contaba entonces 13 años de edad y permanecía  en el despacho del Rey mientras  daba instrucciones –órdenes- a los capitanes generales a través del teléfono intentando detener la intentona golpista, medio adormilado después de horas de angustia y espera, se acercó a la mesa de su padre y dijo: “Jo papá, vaya mes”.

En apenas tres semanas había dimitido el presidente de Gobierno Adolfo Suárez, había fallecido la Reina Federica, abuela a la que adoraban el Príncipe y las Infantas… y se había producido el asalto al Congreso de los Diputados.

Sin que la situación actual sea comparable a la de aquellas dramáticas circunstancias, cualquiera que siga la actualidad podría exclamar lo mismo que aquel niño cansado que precisamente estos días centra todas las miradas, y las esperanzas, porque dentro de poco se convertirá en Rey. Jo, qué semana.

La abdicación de Don Juan Carlos ha abierto la caja de los truenos con el oportunismo a tope, con un debate sobre monarquía o república de alucinar en colores, porque no es el momento de entrar en ese tipo de polémicas, sino de arrimar el hombro de forma responsable para que el tránsito en la Corona se produzca con normalidad y respeto a la legalidad, a la espera de que llegue el momento de abordar una reforma constitucional con el necesario consenso y, entonces sí, se vea si es mejor para España esta monarquía parlamentaria que ha traído el periodo de estabilidad política y social más amplio de nuestra historia, o por el contrario es hora de analizar si el futuro sería más esperanzador si España fuera una república.

Los barones regionales andan ahora con más tiento después de haber anunciado su apoyo a Díaz

Asunto sobre el que también tendrán que pronunciarse los ciudadanos, además de los políticos, una vez analizados los pros y los contras. Pero el espectáculo que han dado algunos portavoces estos días ha rozado, o más bien sobrepasado con creces, el bochorno, con un debate en las Cortes sobre la ley de abdicación en el que en algunos grupos parlamentarios han sacado lo peor de cada casa.  Sobra demagogia  y tergiversación de los hechos y de la historia, y falta altura de miras y sentido de la responsabilidad. Y cultura. Algunos piensan que cultura es moverse con soltura en el terreno de los 140 caracteres, y solo en ese terreno, porque todo lo demás, libros y hemerotecas incluidos, son aficiones del pasado, caducas. Y así dicen lo que dicen, claro.

En el campo socialista, a las renuncias de Rubalcaba y Patxi López se ha sumado la de Pere Navarro y la decisión de Susana Díaz de no presentarse candidata a la secretaría general del PSOE, lo que ha cogido a muchos con el pie cambiado porque pensaban que la presidenta andaluza daría el paso. 

Aparecen nuevos nombres de debajo de las piedras aunque daba la impresión de que la cosa quedaría entre Madina y Sánchez; pero en los congresos de los partidos, sobre todo en los del PSOE, con frecuencia se producen noticiones. Los barones regionales andan ahora con más tiento después de haber anunciado su apoyo a Díaz –con la excepción de Vara y Fernández- y quedarse a ver navíos; se les ve más cautos que hace unos días cuando se les pregunta por quién apuestan y responden eso tan socorrido de que hay que ver en qué sentido se pronuncian los militantes y, también, hay que ver qué propuestas presentan los candidatos y con qué equipo pretenden contar. Así que toca esperar, pero de aquí al 26 de julio vamos a ver de todo y por su orden.

Lo importante es que salga bien ese congreso extraordinario del PSOE, porque nos jugamos mucho, socialistas y no socialistas: con la que está cayendo,  que el líder de la oposición –o futuro presidente de gobierno- no tenga  sentido de Estado sería un grave problema. Un gravísimo problema.

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