lunes 14.10.2019

Ferrán Adriá: discípulos e imitadores

Les supongo informados sobre la decisión de Ferrán Adriá acerca de retirarse dentro de dos años y cerrar el considerado mejor restaurante del mundo, llamado El Bulli, que se sitúa en Rosas, concretamente en la alta Costa Brava. Pasados otros dos años se supone que abrirá de nuevo ofreciendo, como siempre, maravillas gastronómicas.

Aparte del respeto que me produce siempre un personaje cuando decide retirarse en pleno éxito, en este caso se une la admiración ante gente como él o como Arzak, que han realizado dos logros encomiables: dignificar su profesión y crear una escuela.

En este último punto, creación de una escuela, caben dos posibilidades: discípulos e imitadores. Los primeros los conocemos: Arola, Roncero, Renedo, Sandoval, De Andrés, etc. Con perdón a los no citados.

Lo de los imitadores creo que es la causa principal del retiro temporal del señor Adriá. Es una opinión muy personal. Debe de haberse espantado de las consecuencias de la tergiversación de su trabajo. En casi todas las poblaciones españolas han surgido restaurantes que se denominan de nueva cocina, los cuales han tomado de un concepto y filosofía original sólo cinco aspectos: decoración, vajillas, foie, ostras y precio.

Así te puedes encontrar en lugares decorados sin criterio claro de lo que pretendían, delante de platos desestructurados, me refiero a la vajilla, con un pedazo de foie a traición en cualquier alimento. Sean huevos fritos, solomillo, lenguado o lo que sea. El tal foie puede ser auténtico o una lata de La Piara. En ambos casos permite aumentar la cuenta. El citado foie, pasado un rato, lucha encarnizadamente con tu propio y veterano foie o hígado, que generalmente sale perdedor.

El otro punto es la ostra. Una tapa de ostra, fabadas con ostras, arroces, tortillas, ostra adornada, gratinada, aromas de ostra o lo que ustedes quieran. Eso también permite aumentar la minuta considerablemente.

Uno no entiende la frase de aburrirse como una ostra. Concretamente debido a ellas, he pasado noches en absoluto ociosas. Incluso las describiría como muy movidas. Una ostra rebelde te garantiza una noche toledana aunque no pernoctes en tan histórica ciudad. Lo malo es que en mitad del éxtasis que te coloca entre la vida y la muerte sólo puedes murmurar: si yo sólo quería una tortilla francesa y un vaso de vino. Esto se agrava si estás lejos de tu casa, cama, pareja, médico e incluso confesor.

Por todo ello, opino que el señor Adriá ha decidido hacer mutis y decir con Ortega aquello de "no es eso, no es eso….".

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