viernes 22.11.2019

Rubalcaba doctora a Cospedal

Al ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, le han traicionado los nervios y se le ha escapado del subconsciente policiaco el pequeño 'Gran Hermano' que atesora para decirle al diputado del PP que lo ha interpelado, Carlos Floriano, que él "oye todo lo que dice, y ve todo lo que hace". Un comentario amenazante que, puesto en boca del ministro de Interior, tiene alcance político y policiaco indiscutible, máxime cuando está en discusión el posible espionaje policial a los partidos políticos y en especial al PP, como lo denunció su secretaria general, María Dolores de Cospedal. A la que las palabras del ministro de Interior le han dado la razón, ampliada por la puesta en marcha por el Gobierno de Zapatero del sistema de escuchas "incontrolable" Sitel, y la publicación en varios medios de frases extraídas de conversaciones telefónicas privadas de varios dirigentes del PP.

Cospedal tenía razón y las excusas ofrecidas por Rubalcaba, diciendo que se refería a la televisión donde el diputado Carlos Floriano apenas tiene presencia, no hacen sino aumentar las sospechas orwellianas que pesan sobre el ministro y su policía judicial -amén de otros departamentos- tan activa en el 'caso Gürtel' contra el PP. Y al parecer tan promiscua desde que está en marcha el sistema Sitel, con el que se dice que en la actualidad se espía a más de 15.000 ciudadanos españoles, lo que, de confirmarse, sería una barbaridad.

Cospedal fue una sorpresa y una incógnita cuando Rajoy la propuso para la Secretaría General del PP en el congreso valenciano del partido del pasado año, y su nombramiento en este cargo, sumado a su liderazgo en Castilla-La Mancha, provocó inicialmente recelos y dudas. Pero la manchega no sólo ha tenido que hacerse con el día a día del partido, sino que ha tenido que enfrentarse a crisis muy profundas, como la desatada en el PP de Madrid entre Aguirre y Gallardón, y entre Aguirre y Rajoy, y la estallada en Valencia, a propósito de Camps, Costa, el 'caso Gürtel' y un sinfín de despropósitos del líder valenciano del PP, que el pasado domingo volvió a dar la nota con su paseo en Ferrari, tras abandonar la convención del partido en Valencia.

Y a todo esto hay que añadir la labor de oposición de Cospedal desde el exterior del Congreso de los Diputados, y dando la cara ante los medios de comunicación en situaciones complicadas. Aunque su trabajo más difícil ha sido sacar a Rajoy de su letargo habitual para poner un poco de orden en el PP con advertencias, como las hechas por el líder del partido en el comité ejecutivo, donde se ausentó Aguirre con la misma facilidad que Camps se fugó de Barcelona, por lo que la autoridad de Rajoy sigue en cuarentena aunque el de Pontevedra ha avisado a los navegantes rebeldes de que las listas electorales están al llegar y las hace él.

Naturalmente, Cospedal ha cometido errores y en algunos casos ha caído en el juego de las medias mentiras, o medias verdades, tan habitual en la política española. Pero su balance es bastante positivo y la imagen que ella proyecta es buena y generalmente bien aceptada. Además, los hechos y las palabras de ayer de Rubalcaba la acaban de doctorar. El caos y los malos modales imperan en el Gobierno a la deriva de Zapatero, que va de mal en peor y no sabe qué hacer ni cómo reaccionar. El 'caso Alakrana' lo acaba de demostrar.

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