lunes 16.12.2019

Rebelión de barones del PP

Da la impresión que Mariano Rajoy ha hecho suya la frase de "ladran luego cabalgamos" para justificar su inmovilismo y absentismo político para la desesperación y el desconcierto de los suyos, y de los ciudadanos que no saben a dónde mirar ante la diabólica disyuntiva de la incompetencia y el desvarío del presidente del Gobierno y el escapismo permanente del líder de la oposición, que no sólo huye o se esconde ante los grandes problemas de la nación sino que ahora, como el avestruz, mete la cabeza en la tierra para no tener que actuar ante las rebeliones taimadas de cuatro barones del Partido Popular: Camps, Aguirre, Basagoiti y Sánchez Camacho.

Cada uno con su tema: Francisco Camps con 'Gürtel' a granel; Esperanza Aguirre por tierra, mar y aire en el ataque frontal a Caja Madrid; Antonio Basagoiti a pachas con el blindaje del concierto vasco, y sin recuperar la diputación de Álava; y Alicia Sánchez Camacho, muda ante los desafíos del nacionalismo al Tribunal Constitucional con el Estatuto catalán, que ella está dispuesta a tragarse como la espada de un faquir. Y Rajoy recostado en la chaise-longue, y repasando las encuestas favorables que le presenta Pedro Arriola, dicen que con el PP tres puntos por encima del PSOE en España, y acercándose a los socialistas en Andalucía.

La lluvia fina de la crisis económica empieza a convertirse en un pertinaz chaparrón que desmorona los pies de barro del liderazgo liviano y preso de la incompetencia del presidente Zapatero. Y Rajoy está convencido de que el ídolo de la izquierda descamisada se puede derrumbar, y da por buena la estrategia del laissez faire laissez passer, no vaya a ser que un leve error le permita a su adversario reaccionar, por lo que la máxima imperante en la alta dirección del PP es la de: silencio, que no se mueva nadie y a esperar. ¿Ni siquiera para poner orden y algo de autoridad en el seno del PP ante los distintos problemas planteados? Ni siquiera para eso, que Rajoy considera tormentas de verano que el tiempo arregla y que, sobre todo y como le dice el oráculo, no tienen impacto electoral. ¿Incluso aunque se le acuse al PP de financiación ilegal? Incluso así. "Hay que aguantar".

Se cuenta que a Camps le ha leído la cartilla Cospedal y le ha pedido las cabezas de Costa y Rambla, para empezar, y el valenciano bien trajeado le ha respondido a la secretaria general que "él no gobierna para un partido". Y se ha quedado tan pancho el señor Camps, que hace tiempo que debió convocar elecciones anticipadas en Valencia, como ahora le pide el PSOE, a ver si con ello lava la ropa sucia (nunca mejor dicho lo de la ropa) en las urnas, aunque ciertas manchas políticas y morales son imposibles de quitar. Y no digamos las penales si entra en escena el Tribunal Supremo, lo que no se debe descartar.

Desde Vitoria, Basagoiti, de quien ya sabemos sus méritos, le dice a Rajoy y a la dirección nacional del PP que hay que apoyar al PNV en el blindaje del concierto vasco, porque eso estabiliza a Patxi López y su pacto con el PSOE, y que si no están de acuerdo que él se va y que vayan al País Vasco los jefes de Madrid a ocuparse de ese PP regional. Esas maneras públicas y amenazantes son impropias de Basagoiti y de un político decente. Y sólo se explican, como el desplante de Camps, ante el vacío de poder imperante en la sede central del PP.

De la presidenta Aguirre todo se puede esperar. Lleva cinco años frente a Rajoy intentando quitarle el sillón presidencial, va a su aire y por su cuenta en la política nacional y ahora está echando un órdago en Caja Madrid con su habitual desparpajo y a sabiendas de que Rajoy se opone a su candidato pero de una manera testimonial. De la catalana Sánchez Camacho, que ya empieza a volar sola, pues un poco de lo mismo, intentando limar asperezas con los nacionalistas y poniéndose permanentemente de perfil ante la que se le viene encima con el Estatuto catalán.

Y ¿puede gobernar España, en tan severa crisis económica y de cohesión nacional, quien no manda en su propio partido? Pues parece ser que sí, por aquello del mal menor de Rajoy ante el mal mayor de Zapatero, y porque así lo piensan los estrategas de la sede central de Génova, a medida que el PP se acerca a las inmediaciones del poder nacional, momento crucial en el que los barones darán su brazo a torcer y se someterán. Y mientras tanto, paciencia y barajar. Es verdad que Rajoy es un político con manos limpias, pero en su casa se atisba la suciedad.

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