sábado 14.12.2019

Rajoy y "los crímenes de la calle Génova"

La teoría de que Mariano Rajoy es un vago de la política incapaz de tomar decisiones que le comprometan es un cliché falso o incompleto, porque no incluye su capacidad de matar a sus adversarios –políticamente hablando- con tal de seguir al frente del PP, a ver si llega a la presidencia de España. Pero en ese doble juego, de no arriesgar y de eliminar a sus competidores, Rajoy ha llegado demasiado lejos y ha acabado quedando en evidencia y con "los crímenes de la calle Génova" -la nueva morgue de la derecha- al descubierto porque, en estos días de los difuntos, los políticos que Rajoy creía pasados a mejor vida se han aparecido -Aznar, Rato, Pizarro, Aguirre, Gallardón, Camps, Fraga, etcétera- y se le suben a las barbas mientras el líder y presidente oficial del PP pretende un tardío golpe de autoridad, con el que difícilmente podrá cerrar la crisis del PP porque el problema, para ganar las elecciones del 2012, empieza a ser él.

Rajoy intenta, por tercera vez -primero fue tras su derrota en las elecciones del 2008, y después en el congreso valenciano del PP-, cerrar la crisis del PP y de su limitado liderazgo cortando las cabezas de Ricardo Costa, Manuel Cobo e Ignacio González, porque no se atreve a hacer frente a Francisco Camps, a Alberto Ruiz-Gallardón y a Esperanza Aguirre, políticos a los que ya creía haber liquidado o sometido con sus propias manos.

De manera que castigar a Cobo y no decir nada a Gallardón es como lo de suspender a Costa y dejar a Camps donde está, o vetar a González en Caja Madrid y no tocar un pelo a Aguirre en el PP de Madrid. Es decir, un cierre en falso de una crisis global del PP y de liderazgo que Rajoy espera superar el próximo martes en el Comité Ejecutivo Nacional llevando a la reunión la reforma del PP valenciano, y despejando a favor de Rato la batalla de Caja Madrid. Para culminar su esperado golpe de mano con un tonante discurso con el que pretende un cambio de su disfraz de Santo Job por el de un voraz Saturno que se come a los hijos que sacan los pies del plato.

Sin embargo, el golpe de autoridad y el cierre de la crisis del PP serán un fiasco y quedará en nada si Rajoy no destituye a Camps y pone a Barberá al frente del PP valenciano -como ha insinuado Fraga-; y si no impone una gestora en el PP de Madrid, a riesgo de que Aguirre -que sí ha desafiado abiertamente a Rajoy- monte la cacerolada con la que se dice que amenaza. Sobre todo si en los próximos días, semanas o meses, los problemas de hoy se vuelven a reproducir, en cuyo caso no habrá más solución que convocar un congreso extraordinario del partido para elegir un nuevo líder. Y eso lo saben los adversarios políticos -y víctimas- de Rajoy, que si ahora no se le sublevan a las claras estarán al acecho en espera de una mejor oportunidad.

Pero Rajoy no se rinde y quiere llegar al 2012 -el año del fin del mundo en el calendario Maya- como candidato a la presidencia del Gobierno, y afila su instinto de supervivencia y el escalpelo que oculta en su lado oscuro de "asesino en serie" de sus competidores en el PP, y del que posiblemente ya hizo uso en el 2003 durante el proceso de sucesión de Aznar, "hipnotizando" al líder y suponemos que clavándolo con habilidad en sus competidores de entonces, Rato y Mayor.

Más adelante dejó crecer ante sus narices la bronca pública entre Aguirre y Gallardón para que se mataran entre ellos dos, al tiempo que los vetaba en la lista al Congreso en las elecciones del 2008. Y otro tanto ha hecho con el trajeado barón emergente del PP, Camps, en la crisis valenciana de 'Gürtel', donde Rajoy lo dejó cocerse a fuego lento en su propia salsa. Sin olvidar que a Pizarro lo marginó en el Congreso de los Diputados tras llevarlo de número dos en las elecciones del 2008. Como en los últimos años marginó a Fraga, Aznar, Rato y Álvarez-Cascos y posteriormente se cargó a Zaplana. Así, de los "diez negritos" del PP (Fraga, Aznar, Rato, Cascos, Gallardón, Mayor, Aguirre, Pizarro, Camps y Zaplana) no queda nadie, solo sobrevive el gran Mariano Rajoy.

De hecho, el cambio de opinión de Rajoy sobre Rato, como presidente de Caja Madrid, tiene que ver con esa misma estrategia. Primero se opuso a su liderazgo en el cuarto banco de España, pero en cuanto Rajoy observó que Rato podría ser su competidor en el liderazgo del PP cambió de opinión y decidió "aparcarlo" en Caja Madrid, eliminando de paso a I. González, ese sospechoso que dice llevar en el bolsillo fajos de billetes -para pagar viajes de lujo a Sudáfrica- de la candidatura a la Caja, buscando la humillación, o la enésima "muerte" política, de Aguirre como hizo con Camps con la destitución de Costa, y ahora lo hará con Cobo para debilitar a Gallardón.

Sin embargo, en política el crimen perfecto no existe, y menos si se trata de de "asesinatos en serie", como parece haber ocurrido con todos los posibles competidores de Rajoy al liderazgo del PP. Incluso la habilidad de excluir a todos de la lista al Congreso de los Diputados para impedir así que alguno pudiera erigirse en líder de la oposición -como ya le ocurrió a Hernández Mancha- tampoco ha sido un perfecto golpe de mano como a lo mejor lo piensa Rajoy. Porque se le coló por la gatera -como ha recordado Martín Ferrand en ABC- el diputado Manuel Pizarro, que tiene liderazgo nacional y capacidad para hacer frente a la crisis económica, y que acaba de denunciar la falta de liderazgo de Rajoy. Y si la crisis del PP se prolonga y llegara al congreso del partido en el año 2011, entonces dará igual que el candidato presidencial sea o no diputado.

O sea, nos espera una semana de alta tensión, aparente cierre de filas y de exhibición de autoridad de Rajoy, el pretendido taimado blandito y matador de adversarios internos, si no es demasiado tarde para impostar un golpe de autoridad. Una cualidad que suele ser innata y no se logra en unos días, que se tiene o no se tiene. Es como el arte de matar adversarios en política, tarea difícil de realizar, porque si, como se dice en el Tenorio, "los muertos que vos matáis gozan de buena salud", entonces que se prepare el matador. Complicado se presenta el día de los difuntos en la agenda política del PP, convertido en la última oportunidad para Rajoy. Quien, si sale ileso de esta porfía, con una aparente victoria por las cabezas cortadas de Costa, Cobo y González, poco o nada iba a solucionar. Sobre todo porque sus adversarios mayores indemnes están y ya saben que, después de estos episodios, Rajoy no podría soportar cualquier nueva crisis.

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