miércoles 20.11.2019

La nueva Europa sin Tony Blair

El eje franco-alemán que lideran Merkel y Sarkozy ha impuesto su fuerza en el Consejo Europeo y han decidido vetar la candidatura británica del ex primer ministro Tony Blair para el cargo de primer presidente de la Unión Europea, que finalmente ha recaído sobre las espaldas del primer ministro de Bélgica, el democristiano Herman Van Rompuy, como querían Berlín y París. Como consuelo a Londres, el poderoso eje europeo ha propiciado el ascenso de la comisaria británica de comercio, Catherine Ashton, al cargo de alta representante de la Unión para la Política Exterior y de Seguridad.

De esa manera se ha conseguido una carambola a tres bandas porque se le da al Reino Unido un puesto de relevancia y también al flanco izquierdo de los gobiernos europeos (Ashton es laborista), a la vez que se responde a la demanda de que una mujer ocupe un alto cargo en la dirección de la nueva Europa, que ya estrena el Tratado de Lisboa, una vez que Irlanda, Polonia y Chequia han eliminado las últimas barreras.

El pacto hallado entre las grandes naciones europeas, que se inició con la reelección de Durao Barroso para presidente de la Comisión, supone que los nuevos poderes ejecutivos de la Unión estarán en manos de políticos de un segundo nivel, lo que dejará los hilos del poder en manos de las grandes naciones, en menoscabo del protagonismo supranacional de la Unión. Algo que debilitará la posición europea como tal en un tiempo en el que Estados Unidos y China, como se acaba de apreciar en el viaje de Barack Obama por Asia, parecen recomponer y repartirse el poder bipolar del mundo con una entente que deja en segundo plano a Europa, Rusia, Japón y a las otras dos potencias emergentes, India y Brasil.

Y es, precisamente para evitar un nuevo juego bipolar entre Washington y Pekín -como años atrás lo protagonizaron Washington y Moscú- y para estar en los centros de decisión del mundo globalizado, por lo que Europa está acelerando la puesta en marcha de sus nuevas instituciones y de todo un proceso de unión y cohesión -no sólo económica, monetaria y social, sino también con la vista puesta en las cuestiones de política exterior y de seguridad-, para ser el tercero en "discordia", de la escena internacional, un lugar por el que también suspira Rusia con su poderío energético y nuclear, en pos de un ménage à quatre, para intentar que Estados Unidos y China se escapen juntos en pos de un directorio bipolar.

Lamentablemente, en la UE no han encontrado un líder de gran prestigio para presidir la Unión. Sin duda Tony Blair lo fue, pero las mentiras sobre la guerra de Iraq y su alianza ciega con George W. Bush -y José María Aznar- en el inicio de la guerra terrorífica, desigual y mentirosa, ha dejado a Blair en una lamentable situación, y además a expensas de una comisión de investigación británica sobre las mentiras de ese conflicto iraquí. Al final, en los regímenes y las organizaciones democráticas, esas mentiras y errores tan importantes se acaban pagando. Como los pagó el PP durante las elecciones del 2004 que ganó Zapatero, tras los atentados de Madrid, relacionados en los argumentos infames de los terroristas con la presencia de España en la guerra de Iraq, que además fue escasa y sólo en el periodo de ocupación del territorio.

La "vieja Europa", de la que hablaban con desprecio Cheney y Rumsfeld, renace de sus cenizas con esta nueva, o incipiente, Europa del Tratado de Lisboa, que España presidirá durante seis meses, a partir del día primero de enero del 2010, y en la que Zapatero pretendió colocar a Moratinos como el alto representante de la Unión. Un movimiento tardío y testimonial con el que, al parecer, jugó Sarkozy para excitar los ánimos británicos, una vez que a Moratinos se le conoce como un peculiar ministro izquierdista y amigo de Chaves, Castro y Morales, además de jalear la inexistente Alianza de las Civilizaciones de Zapatero, que sólo apoyan países más radicales del Islam, además de Turquía, una cuestión esta última que nada gusta a París y Berlín (contrarios a la entrada turca en la UE, que defiende Zapatero), por lo que la fallida candidatura de Moratinos era sólo un juguete para especular.

La nueva Europa ya tiene sus tres mandatarios: Rompuy, Barroso y Ashton. Ahora falta por ver si los políticos designados estarán a la altura del desafío al que se enfrentan, o si acabarán siendo las marionetas de los gobiernos de Londres, París y Berlín. Barroso y Ashton son harto conocidos en la escena europea y están más cerca del eurofuncionariado que de la alta política. La incógnita, pues, gira en torno a la personalidad de Van Rompuy, un político de larga trayectoria, con fama de excelente negociador, políglota y dotado de un fino sentido del humor, además de una clara vocación cristiana -es el autor de un libro titulado El cristianismo, un pensamiento moderno-, lo que habrá provocado profunda satisfacción en el Vaticano, el otro poder fáctico que planea sobre la Unión. Tiene un duro y apasionante trabajo por delante para llevar Europa por el camino que soñaron los padres fundadores, entre los que se encontraba otro belga inolvidable y de prestigio, Jean Rey.

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