sábado 14.12.2019

Impuestos

Poco han durado a Zapatero las fotografías del viaje a la Asamblea General de la ONU y a la Cumbre del G-20, porque los disfraces "góticos" de su familia y la anunciada subida de los impuestos eclipsaron la estrategia de exhibición diplomática con la que el presidente pretendía distraer a sus adversarios de dentro y fuera del PSOE de los graves problemas que acosan y deterioran la vida de los ciudadanos españoles. Empobreciendo el país, como lo ha dicho Rajoy en un multitudinario mitin celebrado en la localidad sevillana de Dos Hermanas, con el que los populares andaluces han logrado una exhibición de fuerza en pos de la recuperación del voto andaluz.

Ni siquiera las últimas sacudidas del 'caso Gürtel' a propósito de la presunta financiación ilegal de los populares valencianos a través de la empresa Orange Market, del famoso "bigotes", Álvaro Pérez, van a permitir al presidente recuperar el enorme desgaste que sufren él y el Partido Socialista por causa de la crisis económica y la evidente incompetencia de su Gobierno para dar la respuesta apropiada a la necesaria recuperación de las empresas en pos de una reactivación del empleo.

Además, el presidente ha conseguido una oposición casi unánime contra la subida anunciada de los impuestos que tanto el PP, como IU, CiU y otras fuerzas, personalidades políticas -ex dirigentes socialistas entre ellos- y los medios de comunicación han criticado con dureza afirmando, como lo hizo ayer el diario El País en su titular de portada -"Las rentas medidas cargan con el grueso de los impuestos"-, que no es verdad que estos impuestos van a castigar a los ricos y clase altas (por ejemplo, a los dueños de sociedades Sicav que invierten en Bolsa y sólo pagan el 1 por ciento), sino a las clases medias y bajas al retirar el descuento de los 400 euros, y al conjunto de los españoles a través del IVA, con lo que su discurso social y a favor de los pobres queda en entredicho, por más que siga contando con la colaboración fraudulenta de UGT y CCOO, unos sindicatos al servicio de la Moncloa que callan frente a los bancos y grandes fortunas y atacan a los empresarios, que son los únicos que pueden reactivar la economía y el empleo.

Una vez más, la realidad se impone contra los juegos malabares y ajenos a la verdad a los que nos tiene acostumbrados el primer inquilino del palacio de la Moncloa, aprovechando el inmenso poder del que disfruta y la franca debilidad de la oposición del PP, que sigue con sus problemas internos tanto en Madrid como en Valencia, pero que empieza a ver la imparable caída de las expectativas electorales del PSOE y de la propia imagen de Zapatero, lo que les da alas y fuerzas renovadas, como las exhibidas ayer en Sevilla.

Naturalmente, si ese enemigo invisible pero tangible del paro y de la crisis económica y financiera aportara al PP más liderazgo, iniciativa y autoridad frente a sus "poderosos" internos, o su entorno mediático, el vuelco total en las expectativas de voto sería ya una realidad. Y, en ese caso, los ases que guarda en la manga el deprimido mago de la Moncloa con la esperada presidencia española de la Unión Europea, en el primer semestre del 2010, o la anunciada llegada de Obama a España en el mes de mayo, no pasarían de ser flores de unos días. Y puede que a lo mejor esas flores aún le duren unas semanas, pero el problema económico y social español es tan grave y sus raíces son tan profundas que la denuncia de impostura de estos juegos diplomáticos ya no depende de la oposición sino que será puesta en evidencia por la cruda realidad que sufrimos y se prolongará a lo largo de todo el año 2010.

Los errores de la subida de los impuestos le conducen a Zapatero a perder apoyos electorales en el centro izquierda de las clases medias, lo dejan en evidencia frente a los trabajadores que también sufrirán las medidas, tal y como lo ha denunciado Cayo Lara desde IU, y no van a solucionar nada en la recuperación económica, como lo aseguran todos los analistas y expertos. Y ya veremos si, por lo menos, le servirán a Zapatero para controlar a sus ya domesticados sindicatos y para aprobar los Presupuestos Generales del 2010, ganando un poco de tiempo para llegar a su soñada presidencia de la Unión Europea. Un viejo recurso, el de tapar los problemas internos con la política exterior, que no viene al caso porque los problemas están anclados en la vida familiar y laboral de la gran mayoría de los españoles, a los que ni Obama, ni Merkel, ni Sarkozy van a impresionar.

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