jueves 12.12.2019

Europa gira a la derecha

Los socialdemócratas europeos siguen sin entender por qué se hunden en las elecciones cuando ellos mismos culpan a la derecha conservadora de la crisis financiera y económica internacional. Ha pasado en Francia, donde los socialistas sufren una profunda crisis de liderazgo e identidad desde la entrada de Nicolas Sarkozy en la presidencia de la República, y acaba de suceder en Alemania, donde la SPD de Frank-Walter Steinmeier ha sufrido una severa derrota electoral en beneficio de los conservadores de Angela Merkel y de los liberales de Guido Westerwelle, que ahora van a regresar al Gobierno sustituyendo a los socialdemócratas en la que era gran coalición con la CDU/CSU.

En Inglaterra, adonde se acaba de desplazar el presidente Zapatero para dar su apoyo -como años atrás a Segolenne Royal o a la izquierda italiana- al primer ministro Gordon Brown en el congreso del Partido Laborista, los últimos sondeos sitúan a los conservadores 15 puntos por encima de los socialistas y a los liberales en ascenso y casi al mismo nivel del partido de Brown. En Italia, y a pesar de los disparates del primer ministro Silvio Berlusconi, la izquierda es incapaz de presentar un frente unitario y un líder de consenso.

De manera que en la Europa occidental los socialistas sólo gobiernan en la península Ibérica: el primer ministro portugués José Sócrates ha renovado el poder en las elecciones del pasado fin de semana pero perdió la mayoría absoluta; mientras que el PSOE de Zapatero, que renovó el poder en el 2004, ha perdido recientemente en las elecciones gallegas y europeas y figura a la baja en todas las encuestas de liderazgo y proyección electoral.

Está claro que el discurso acusador de que el liberalismo salvaje y neocón está en el origen de la crisis financiera, primero, y de la económica y social, después, no ha calado en la ciudadanía europea, que al igual que ocurre en España, Alemania, Francia e Italia, castiga a los partidos progresistas, a los que no considera idóneos para hacer frente a la recesión y al paro y confía más en liberales y conservadores para resolver los problemas. De hecho, los gobiernos conservadores de Francia y Alemania ya han conseguido salir del túnel y empiezan a crecer, mientras que los socialistas de Gran Bretaña y España permanecen en la recesión, donde también habita la caótica Italia del más que peculiar Berlusconi.

En el fondo de la crisis de los partidos socialistas europeos existen varios elementos cruciales, pero el principal de todos ellos es el de la identidad de la izquierda en el mundo globalizado en el que vivimos, y las importantes divergencias que se han puesto en evidencia dentro del campo progresista, como se acaba de ver en Alemania, o como ocurre en Italia y Francia, donde la izquierda radical recupera posiciones y rompe el bloque progresista. Lo que no ha ocurrido en España con el PSOE porque Zapatero lidera el ala de la izquierda del partido, aunque los socialistas españoles tienen problemas muy serios de cohesión por el giro soberanista del PSC en Cataluña.

Y como consecuencia de todo ello las recetas que ofrece la izquierda para hacer frente a la crisis económica están marcadas más por la ideología que por la eficacia. Así, en Alemania se anuncia una bajada de los impuestos, y en España se acaba de poner en marcha una dura subida de tasas en medio de grandes críticas en todos los sectores de la sociedad. En el fondo de todo ello está el renacer de la izquierda más radical, la influencia de los verdes y el desconcierto del área socialdemócrata lo que, por ejemplo, en Francia, ha abierto un debate sobre la posible refundación del Partido Socialista, sin descartar, incluso, el cambio de nombre. En España, por el contrario, las divergencias y discrepancias con Zapatero se hacen cada vez más notorias en el flanco del centro izquierda del PSOE, o social liberal, una vez que el jefe de filas, Zapatero se ha instalado en una izquierda radical quitándole, eso sí, el espacio político a Izquierda Unida, que quedó reducida a un par de diputados.

Es verdad que el liberalismo neocón y la falta de controles pusieron en Estados Unidos, y luego en todo el mundo, en jaque el sistema financiero y dieron alas a la recesión. Pero lo que los partidos europeos progresistas han creído como una oportunidad para recuperar el poder acabó volviéndose en su contra, porque su discurso ideológico y populista chocó con la cruda y dura realidad y con una mayoría de ciudadanos que no se dejó impresionar y que buscan eficacia y soluciones en lugar de denuncias y de sermones en los que no se incluyen las medidas de choque y las soluciones a todos los problemas planteados, que sin duda son difíciles de solucionar.

Comentarios