jueves 12.12.2019

Las encuestas y Caja Madrid

El diario El País, fiel a su deriva autodestructiva, no ha querido resaltar el dato importante de su encuesta publicada ayer sobre intención de voto y, al igual que TVE -que está dedicada a emitir horrorosas películas de la actual ministra de Cultura-, ha escondido los 3,6 puntos de ventaja electoral que el PP le lleva al PSOE, según el último sondeo. El que coincide con otro de La Vanguardia que aumenta la distancia a 4,2 puntos a favor de las huestes de Rajoy, mientras ambas encuestas coinciden en señalar los destrozos que la crisis económica está causando en la imagen de Zapatero, al que señalan con un creciente descrédito que acaba dañando al PSOE, partido donde no habita nadie más porque Zapatero se ha encargado de eliminar al resto de los barones y dirigentes, y sólo le acompañan Pepiño Blanco y Leire Pajín.

Para suerte y desgracia del PP, las encuestas les dan, respectivamente, como los ganadores unas elecciones generales si se celebraran en estos días, y no les castigan por los crecientes escándalos de la 'trama Gürtel' en Valencia y Madrid porque la prioridad de los ciudadanos está en la crisis económica, y porque la magia de cartón piedra de Zapatero ha empezado a desmoronarse con la lluvia fina y la torrencial del paro y la decadente economía familiar.

A Rajoy, el hombre inmóvil y tranquilo, las encuestas siguen sin darle un empujón hacia arriba en su imagen y liderazgo, pero eso le da igual -"ande yo caliente y ríase la gente", se dirá-, porque lo importante será ganar y, en las circunstancias actuales, convencer a la gran mayoría de ciudadanos y al club interno de los conspiradores políticos y mediáticos de su partido de que ya es un caballo ganador y que hay que empezarlo a respetar como el que será próximo presidente del Gobierno de España.

Es verdad que quedan dos años y medio y que en política puede ocurrir de todo, pero el desplome electoral de Zapatero va a tener muy difícil arreglo, por más que se ría y confíe en las fotos de la presidencia europea y de sus encuentros con Obama. Los fastos de Zapatero acabarán en junio del 2010, y el FMI ya ha dicho que la recesión en España no acabará antes del 2011, año de las elecciones municipales y antesala de las generales del 2012.

Naturalmente, los sondeos electorales publicados este fin de semana le han proporcionado a Rajoy y al PP unos días de gloria y la certeza de que están en el buen camino aunque no se muevan. Los datos, además, coinciden con los propios sondeos del PP, pero se pueden equivocar los populares si eso los empuja a la eterna siesta, y a dejar que se pudran los problemas internos de Valencia y Madrid. Sobre todo los de Madrid, porque éstos sí podrían abrir un severo conflicto en el seno del PP por la demencial ambición y las malas y desleales maneras de Esperanza Aguirre para con Rajoy y toda la dirección nacional del PP.

Utilizando la madrileña sus controles mediáticos -con la pólvora financiera de la Comunidad de Madrid-, además de con la esperpéntica Telemadrid; unos controles y regalos que piensa duplicar o multiplicar por tres a nada que se haga con el control de Caja Madrid, su obsesivo objetivo para tener a su servicio el cuarto banco de España y relanzar a sus fanáticos en contra de Rajoy -y de Gallardón, su obsesión enfermiza, a pesar de sus lágrimas de cocodrilo en Copenhague-, porque ella considera que si Zapatero se va a hundir ésa debería ser su oportunidad para presidir España, y no para que la presida otro como Rajoy porque, si eso ocurre, ella habrá llegado al final de su demencial carrera política.

De ahí la importancia de la batalla de Caja Madrid y el duelo que allí libran el alcalde y la presidenta de Madrid, está última sorprendentemente a través de un pacto con el PSOE y no con el PP. Y aunque Rajoy es reacio a tomar decisiones, el presidente del PP tiene al alcance de su mano una salomónica oportunidad: nombrar nuevos candidatos a las Comunidades de Valencia y de Madrid ¿Cómo? Imponiendo una gestora en el PP de Madrid antes de los comicios municipales y autonómicos del 2011, y deshaciendo aquello que hizo Aznar cuando, para desmontar dos poderosos virreinatos, trajo a Zaplana a Madrid y trasladó a Gallardón al Ayuntamiento, para promocionar, ¡claro error!, en las dos Comunidades de Valencia y de Madrid, a Camps y Aguirre. Aunque entonces nadie se podía imaginar que el valenciano iba acabar en la red del famoso "bigotes", y la madrileña, en las de Correa, sus compinches conspiradores del 11-M, y en su desmedida ambición.

Comentarios