sábado 14.12.2019

Aguirre dinamita el comité de Rajoy

Con el mayor de los desprecios a su partido, especialmente al presidente, Mariano Rajoy, y a su secretaria general, María Dolores de Cospedal, la presidenta del PP de Madrid y de la Comunidad Madrileña, Esperanza Aguirre, se ausentó de manera ostentosa y desafiante del Comité Ejecutivo Nacional convocado por Rajoy para hablar de los recientes problemas del partido, en cuyo epicentro están, precisamente, Aguirre y el PP de Madrid.

Dijo Rajoy respecto a las guerras y rebeliones internas del partido que "no habrá próxima vez", y mientras esto decía el líder del PP la presidenta de Madrid estaba protagonizando esa nueva "próxima vez", con su ausencia del comité y criticando el discurso "equidistante" de Rajoy ante los medios de comunicación, dando fe de su deslealtad e insumisión con otro de sus números habituales.

Pero Rajoy y Cospedal se volvieron a achantar ante el penúltimo -habrá otros- desafío de Aguirre. La que no fue al comité por temor a las iras en cadena de los dirigentes del partido, y también para no escuchar el discurso de Rajoy que, salvo un garrotazo a Cobo por sus declaraciones a El País, estaba dirigido a ella en casi su totalidad y con un grave reproche y clara acusación por su falta de lealtad, amén de recriminar la que fue linchadora recogida de las firmas de alcaldes de Madrid, para forzar un castigo contra Manuel Cobo.

El vicealcalde de Madrid, que hizo un discurso melodramático, tibiamente apoyado por Gallardón, sin que ninguno de los dos, como tampoco Rajoy ni Cospedal, abordaran en el comité el punto crucial de la reunión, que no es otro que el "golpe de Estado" permanente de Aguirre contra Rajoy y contra la dirección nacional del PP desde hace varios años. Intentando dinamitar la cúpula del partido para alcanzar ella, por la fuerza, el liderazgo del PP y ser la candidata de los populares a la presidencia del Gobierno de España.

Un golpe que Aguirre pretendió llevar a cabo -pero le fallaron sus apoyos en el último minuto- tras la derrota electoral de Rajoy en el 2008, en las vísperas del congreso valenciano del partido y a lo largo del último año, con apoyo de los dirigentes amortizados de la fallida conspiración del 11-M -Zaplana, Acebes y compañía- y con una feroz campaña mediática, contra Rajoy y la dirección del PP, "financiada" por ella desde la Comunidad de Madrid. E implantada en medios considerados afines a la derecha y al PP, para causar estragos entre dirigentes y militantes de este partido. Como ha ocurrido en los pasados años con El Mundo y la COPE -desde donde se insultó con fiereza y sin piedad a Rajoy, Cospedal, Gallardón, Trillo, Santamaría, Mato y Arenas, entre otros-, mientras los sicarios a sueldo de semejante somatén mediático la aclamaban a ella como "lideresa" del PP y jaleaban su ascenso al poder. Los mismos medios que ahora, en horas bajas de Aguirre, salen en su ayuda pidiendo a gritos la cabeza de Cobo, que disfrutan de licencias otorgadas por Aguirre, o incluso la propia Telemadrid, desde donde se llegó a pedir el cese de Rajoy.

Éste y no otro es el punto crucial de la crisis del PP. El que Rajoy nunca se atrevió a abordar con franqueza y autoridad y que ayer sobrevoló, durante el comité nacional del PP, con un penoso discurso del líder recordando por qué se quedó al frente del partido tras su derrota en el 2008, o relatando los apoyos que tuvo en el congreso de Valencia, para luego decir eso de que "no habrá próxima vez", mientras Aguirre, con su ausencia, desafiaba la autoridad de Rajoy y volvía a criticar al líder porque consideraba que lo suyo y lo de Cobo había sido puesto al mismo nivel, presentándose como una "víctima", cuando todo el mundo sabe que es la dinamitera del PP.

En la dirección del PP nacional y entre los barones regionales del partido todos saben que lo de Aguirre es un intento de golpe de mano o "golpe de Estado" contra Rajoy, y conocen los nombres de sus compañeros de viaje conspiradores, y la existencia de la muy poderosa trama mediática que los acompaña y que Aguirre pretendía aumentar y engordar con el control de Caja Madrid, para convertir esta entidad en el banco "financiador" de su pretendido asalto al poder del PP.

Pero hablar así de claro y reconocer semejante deslealtad obligaba a Rajoy a cortar la cabeza de Aguirre, empezando por implantar en el PP de Madrid una comisión gestora, que le quite el poder regional, cosa que debió hacer meses atrás, pero no se atrevió. Pero ahora, ante el temor flagrante de que Aguirre sumara a su "ejército golpista" el poder de Caja Madrid, Rajoy ha jugado fuerte y ha impuesto a Rodrigo Rato para frenar la operación que pensaba liderar Ignacio González, el lugarteniente de Aguirre. Un error de Aguirre, el de proponer a I. González como su presidente de Caja Madrid, a pesar de las graves sospechas que giran en torno a su número dos, que le ha costado muy caro a la presidenta de Madrid.

Y un error que ha sabido aprovechar Rajoy con la propuesta de Rato para la presidencia de Caja Madrid, que aclamaron incluso medios afines a Aguirre aunque por motivos diferentes, porque muchos de estos medios consideran que Aguirre ya ha perdido la partida frente a Rajoy y ahora ven en Rodrigo Rato al delfín, o al primogénito, en la línea de sucesión de Rajoy. Lo que permite presagiar que el golpe contra Rajoy puede continuar, aunque ahora a corto plazo se establezca un paréntesis de tranquilidad. No en vano el jefe de la trama, que utilizó a Aguirre como polichinela, no está en la Puerta del Sol, sino en el primer despacho de un diario nacional.

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