martes 15.10.2019

Obama y la tortura

Desde el punto de vista objetivo, de la ética y la moral, no hay lugar para la vacilación: la tortura es inhumana. Atenta contra los derechos inherentes a las personas. Y debe estar prohibida. Pero, ¿y si al aplicar ciertas técnicas coercitivas se obtiene información que puede salvar la vida a cientos de personas? ¿Qué pensaríamos si por privar de sueño a un terrorista se logra evitar una masacre en un atentado? Son preguntas que sin duda se hizo el ex presidente estadounidense George W. Bush después de la catástrofe del 11 de septiembre de 2001.

Ahora el nuevo mandatario norteamericano tiene en sus manos la "patata caliente" de los interrogatorios a terroristas. Especialmente los que sucedieron en Guantánamo antes de que se diera la orden de cierre. Barack Obama ha prohibido las torturas en estas investigaciones, y no descarta que se abran procesos contra quienes permitieron dichas prácticas. La iniciativa ha venido acompañada de mucha polémica, y no es para menos.

Hace unos días Obama autorizó la desclasificación de cuatro memorandos a través de los cuales la Oficina de Asesoramiento Legal del Departamento de Justicia facilitó el marco legal para el empleo de prácticas coercitivas en interrogatorios por parte de la CIA. Dichos documentos fueron redactados entre 2002 y 2005, tras el ataque a las Torres Gemelas, como medida para combatir el terrorismo internacional. La decisión de hacerlos públicos ha dividido a los estadounidenses ya que, mientras unos apoyan la defensa férrea de los derechos humanos, otros consideran que este movimiento del presidente compromete la seguridad nacional.

Obama se encuentra en una difícil situación. Sin pretenderlo, ha revelado los límites de los agentes estadounidenses en los interrogatorios a terroristas. Y eso en un momento en que, según el ex director de la CIA Michael Hayden, Estados Unidos está "en guerra con sus enemigos". Al mismo tiempo, la Unión Americana de Libertades Civiles pide responsabilidades y exige justicia. Vaya papelón tiene el ex senador por Illinois.

Si se abre una investigación, los resultados pueden salpicar a muchos mandatarios estadounidenses. Y poner en mayores aprietos la confidencialidad de las prácticas antiterroristas de su país. Pero, si no se inicia el proceso, Obama será tachado de favorecer las técnicas poco éticas del gobierno anterior. De momento, ya ha delegado públicamente en el Fiscal General la responsabilidad de dicha decisión. Veremos a dónde lleva todo esto.

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