sábado 21/5/22

Los rescoldos de Aguirre y Gallardón

Ahora que los ánimos parecen más calmados en la sede del PP, convendría repasar lo ocurrido en las pasadas semanas y, especialmente, en el seno de aquel comité ejecutivo nacional del Partido Popular donde Mariano Rajoy leyó la cartilla a los navegantes rebeldes -Aguirre, Camps y Gallardón- y los amenazó claramente con excluirlos de las próximas listas electorales, o con medidas más contundentes como las que provocaron la suspensión de la militancia de Ricardo Costa y Manuel Cobo, el primero por desafiar la autoridad de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y el segundo por haber seguido las instrucciones y la estrategia, sin duda equivocada, del alcalde Gallardón.

Y ahora, reconstruyendo aquel escenario del que se ausentó desafiante con sus zapatos planos de las siete leguas doña Esperanza Aguirre, llegamos a una conclusión que merece la serena reflexión. Por ejemplo, Aguirre ha perdido la batalla de Caja Madrid y la ha ganado Rajoy -que no Gallardón, que apostaba por Blesa o por Pizarro, y del que se dice que no tiene buena relación o sintonía con Rato-, y eso le ha costado un serio disgusto a ella y a su lugarteniente I. González, que sigue sin conocer el motivo concreto por el que no ha sido aceptado como posible banquero en la sede nacional del PP, un motivo que puede ser más "técnico" -por llamarlo de alguna manera-, que político.

Por todo esto Aguirre está muy calladita de un tiempo a esta parte y dicen, las personas de su entorno, que también está muy llorona, como Boabdil, porque Caja Madrid era su adorada Granada, sobre la que pensaba montar una nueva escalada y ataque para la conquista del máximo poder del PP. Hasta el punto que la propia Aguirre ha dicho a alguno de sus compañeros que no fue al comité porque temió echarse a llorar delante de todos, una vez recibiera un reguero de críticas como las que recibió en su ausencia y ante la mirada atónita de su escudero Güemes, que quiere quitarle el sillón al mandarín I. González, aunque tendrá que esperar.

La otra lectura que hay que hacer de aquel comité, que marcó un punto de inflexión en el campo de la autoridad del PP, ha sido el grave error de la estrategia de Gallardón, al plantear el alcalde su órdago utilizando a Cobo con unas declaraciones a El País y un discurso en el comité desafortunados y previamente visionados y aprobados por Gallardón, como no podía ser de otra manera y como lo sabe la dirección del PP. Gallardón, visto el apoyo de Rajoy a la presencia de Rato en Caja Madrid, creyó que ésa era su gran oportunidad para machacar a Aguirre y se equivocó. Al contrario, una vez que Rajoy ponía firme a la condesa de Bombay, Gallardón y su ejército de un solo soldado debieron quedarse callados y de perfil.

Pero Gallardón no se resistió y creyó propicio el momento de su venganza contra Aguirre, creyendo a la vez que con ello le hacía un favor a Rajoy y que sería aplaudido por los barones y dirigentes del partido, y ocurrió todo lo contrario. Nadie aplaudió las palabras del alcalde y casi todos criticaron las desafortunadas palabras de Cobo -peores incluso que sus declaraciones a El País, porque de ellas se desprendía que la vidas de sus hijos y de los hijos de los dirigentes del PP no estaban seguras (temo por mis hijos y por los vuestros, llegó a decir) por el peligro que se supone que tienen agentes misteriosos de la Comunidad de Madrid. O sea, un mayúsculo disparate del que hasta Fraga -amigo de Gallardón- se desmarcó.

Lo que es peor, oídos los discursos del alcalde y su ayudante, el primer edil de Madrid tuvo luego que escuchar muchas y airadas intervenciones de sus compañeros del PP, declarando que estaban hartos de las batallas cainitas de Madrid que estaban causando un daño irreparable al partido, con lo que su ambición de liderazgo del PP y sus deseos de acudir como candidato en las listas del PP al Congreso de los Diputados han quedado destrozadas y sin el menor apoyo en la dirección del PP. Al menos por ahora, porque ya se sabe que en política nada está escrito y menos aún en el seno del PP. Baste, por ejemplo, que Aznar se tome unas copas y empiece a largar para que se vuelva a abrir la caja de los truenos.

En todo caso, Gallardón se equivocó, pero como es muy soberbio puede que no lo reconozca. Y Aguirre lleva años equivocándose y ahora podría haber llegado a la conclusión de que su conspiración interna en el PP ha llegado al final, aunque la condesa -que está muy mal aconsejada- el día menos pensado vuelve por donde solía y decide regresar a la bronca interna, lo que obligaría por fin a Rajoy a montar la gestora del PP en Madrid. ¿Y Camps? Lo de Camps parece haber salido del campo de la política y entrado en el de la psiquiatría, porque a lo mejor ha llegado a la conclusión de que él será -y no Massa- el compañero de Fernando Alonso en la escudería de Ferrari para el próximo campeonato del mundo. El hombre parece muy deteriorado y un día de éstos igual tira la toalla y se nos va a descansar o se monta una sastrería a medias con José Tomás. Por cierto, ¿Gallardón, estás ahí? Nada, no se oye, ha perdido el móvil y debe de andar un tanto deprimido, pero en Navidad seguro que nos llama para felicitarnos las pascuas, ya lo verán.

Los rescoldos de Aguirre y Gallardón
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