lunes 16.12.2019

El único osado

José Manuel Lara no es el sastrecillo valiente, porque tiene detrás un imperio que le respalda, y que él ha contribuido poderosamente a consolidar, pero es el único empresario con sedes fiscales en Cataluña que se atreve a decir que el rey va desnudo, o sea, que la pretendida camisa inconsútil de Artur Mas es, a la vez, una falacia y una locura, que puede llevarnos a todos a la ruina.

Los demás empresarios, algunos con cuentas tanto o más saneadas que Lara, practican una discreción que se rompe en Madrid, cuando hablan con otros empresarios y, desde luego, cuando comparten mantel con algunos periodistas, pero que jamás se atreven a exhibir en auditorios catalanes. ¿Por qué?

Es lógico que un empresario sea cauto y prudente, porque está inscrito en las leyes de la supervivencia, pero cuando esas mismas leyes de la supervivencia están a punto de resquebrajarse y saltar por los aires ¿no resulta imprudente y loco callar lo evidente y ocultar el peligro?

Es fácil comprender el mutismo, e incluso la cobardía, de un ciudadano que depende del nacionalismo para seguir siendo contratado, pero extraña la pusilanimidad en personas, no sólo económicamente independientes, sino que pueden arruinarse severamente por el capricho de un político, que ya se disparó un tiro al pie, y que parece dispuesto a aspirar a una silla de ruedas, volviéndose a disparar otra bala en el pie sano, en su insensata pretensión de pasar a la Historia.

Es muy fatigoso envolvernos en la memoria histórica, pero una de las primeras medidas del Frente Popular, en 1936, apoyado con entusiasmo por Ezquerra Republicana de Cataluña, fue expropiar el Liceo y dedicarlo a escuelas populares. En 1939 el dictador, Franco, tras conquistar Barcelona, devolvió el Liceo a sus antiguos propietarios, entre los que no se encontraba, por cierto, la familia Lara.

Sigan callando. Al final, los hechos nos ponen a todos en el sitio que nos corresponde.

El único osado
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