sábado 14.12.2019

Reglamentar los sombreros

La ministra de Sanidad se ha reunido con los representantes de las comunidades autónomas, y, según confesión de parte -de parte de la ministra- se ha producido "un intenso debate" acerca del cigarrillo electrónico, que, según nuestras autoridades competentes puede ser un ejemplo fatal y pernicioso para nuestros hijos y nietos. Los hijos y los nietos pueden contemplar por la televisión los soeces discursos de especialistas en bragas y braguetas, pueden ver la mendicidad en la calle, podrán observar a la puerta de comercios y oficinas a fumadores de tabaco aspirando nicotina, pero nuestras autoridades no van a escatimar esfuerzos para que dejen de ver a un ciudadano aspirar un cigarrillo electrónico.

Cuando la autoridad presuntamente competente se esfuerza en querer hacernos felices, hay que sobrecoger el ánimo, porque en su entusiasmo no sabemos a dónde puede ir a parar. Desde luego, hace falta un enardecimiento fuera de la común para participar en un "intenso debate", no sobre un sistema donde los médicos ya no miran la cara del enfermo, porque están pendientes de la pantalla de su ordenador, sino sobre el "cigarrillo electrónico", y hace falta un paroxismo de suspicacia para intuir que el cigarrillo electrónico puede echar a perder la infancia de los españoles bajitos.

Ya hubo una autoridad sanitaria que estuvo a punto de reglamentar las hamburguesas, y no me extrañaría nada que, de aquí a un rato, quede terminantemente prohibido el consumo de torreznos en público. Pagamos los sueldos a unas personas que se supone que trabajarán para evitarnos problemas, pero se empeñan en crearlos, desde los nacionalistas melodramáticos hasta las ministras suspicaces.

Echo en falta una reglamentación de los sombreros. Inexplicablemente no se han dado cuenta de que los sombreros están sin reglamentar. Presumo que puede haber debates. Intensos, desde luego.

Reglamentar los sombreros
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