domingo 08.12.2019

El Príncipe varado

El viaje oficial del Príncipe de Asturias a uno de los países del mundo más importantes en la economía emergente, Brasil, no se pudo llevar a cabo por la avería en una de las alas del avión que le debía llevar. Uno se imagina que las Fuerzas Armadas deben de contar con algo más de un aparato, pero por las circunstancias que fueran, el Príncipe de Asturias estuvo aguardando toda la noche hasta que se suspendió el viaje. Es lo mismo que le sucedió a mi primo Agapito, con la boda de su hermana, que no le arrancó el coche y, al final, no pudo estar presente. Pero en esa igualdad hay una enorme diferencia y es que los recursos de mi primo Agapito son algo más humildes de los de un país llamado España.

En este país llamado España existen varias compañías comerciales, como Iberia Express, con 18 Airbus que sumen 19.440 plazas; Mare Nostrum, con una flota de 38 aparatos que suman 2.750 asientos; Vueling, que en sus 70 Airbus caben 13.600 personas, y, nuestra empresa de referencia, Iberia, que cuenta con 131 aviones y proporciona billetes a 123.000 personas.

Es decir, que en un país que dispone de cuatro compañías aéreas, que suman un potencial de 158.790 pasajeros, más las compañías privadas, más los aparatos que debe disponer la Fuerza Aérea, no logró, entre la una de la madrugada y las nueve de la mañana, de embarcar al representante del Reino de España en ningún transporte.

Durante ocho largas horas, ni los técnicos de la avería, ni los organizadores del viaje, ni el personal del ministerio de las Fuerzas Armadas, ni el de Zarzuela, ni el del Gobierno, pudieron solucionar un problema que no parece tan intrincado como para derrotar a todo un país. Pero el Príncipe se quedó varado, marchó a casa tras una noche de vigilia y no habrá representación española, no por un drama, no por una tragedia, no por una enfermedad, sino por la avería de un avión de un país que dispone de casi 300 aviones comerciales y unos cuantos que dependen del ministerio de Defensa.

Sólo la presencia continuada de Pepe Goteras en el aeropuerto y Otilio en los despachos (Pepe Goteras y Otilio, chapuzas a domicilio) puede explicar esta situación que sería cómica de no ser porque califica el estado de preparación de un país que parece estar a cargo de una panda de tontos contemporáneos.

El Príncipe varado
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