miércoles 20.11.2019

Entusiasmo periodístico

Cuando era un escribidor recién escudillado en los medios, un misacantano de libro, pequé varias veces de entusiasmo periodístico, y no pocas veces comprobé que la realidad te podía derribar un titular espectacular. Esta desalentadora diferencia entre lo que te imaginas y los datos produce una frustración tan previsible como los primeros y mercenarios encuentros sexuales. Y compruebo que ello no ha disminuido, que sigue vigente, de la misma forma que se repiten las aguadillas entre adolescentes, en las piscinas de verano.

Escucho por un medio la información sobre un registro de alguien próximo a la alcaldesa de Valencia, y la locutora narra el hallazgo de tres sobres con dinero, cuyo monto asciende a unos 5.000 euros, como si se tratara de un importante alijo de droga. Es más, noto recalcar que los sobres se encontraban en cajones cerrados con llave, suponiendo que guardar el dinero bajo llave supone una manifiesta malicia que debería ser perseguida. Mi madre, por ejemplo, que nunca fue millonaria, siempre guardaba una cantidad de dinero en una caja metálica bajo candado, en la época en que no había cajeros automáticos, y quedarte sin dinero un sábado, a las dos de la tarde, suponía no disponer de efectivo hasta el lunes.

Al otro lado del espectro político, algunos de mis compañeros me recalcan que la visita de Griñán y Chaves a los juzgados ha sido recibida con abucheos por unas cuantas decenas de personas. A mí los abucheadores me producen un desprecio evidente, entre otras cosas porque tengo la fundada sospecha de que serían los mismos que, rodilla espiritual en tierra, les halagarían y rendirían pleitesía, cuando eran poderosos.

En la trama de Valencia, que encuentren en la casa de un particular sobres que suman cuatro o cinco mil euros, no me estremece. Lo que me estremece es que los que han trincado en Andalucía menos de 450.000 euros van a ser declarados honrados, porque su delito ha prescrito. La noticia es esa, no los miserables que abuchean. Y, en Valencia, seguro que hay asuntos de mayor calado para justificar el enardecido entusiasmo periodístico.

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