martes 15.10.2019

”Los puentes se caen...”

 

Ayer se cayó un puente en Génova y hace un año se cayó otro en Cataluña

 

Sorprendentemente tras el inconcebible y vil atentado de las Ramblas de Barcelona el planeta ha seguido girando todo un año en vez de reventar en confeti y llanto y soul…

Sin embargo, en este mundo nuestro no se nos paran de caer los puentes, y al observar los escombros, como al recordar las imágenes de telediario de los atentados de Barcelona de hace justo un año, nuestras gafas lloran solas al tiempo que late sin ganas el cansado corazón de las Españas.

Estamos con las víctimas de Barcelona y somos uno con ellas.

A nuestro modo todos hemos muerto entre las flores de las Ramblas.

Pero necesitamos los puentes, y de hecho hoy gracias a los periodistas de investigación sabemos que aquel día, como ayer en Génova, se cayeron los puentes y la claudicante descoordinación policial campó a sus anchas porque, ya digo, no había puentes sólidos que permitieran que bien cruzara la información entre los mossos d'esquadra y la guardia civil y demás fuerzas del orden y de la paz armada contra el enemigo, esto es, contra los asesinos fanáticos, crueles y mono-gramáticos (esos de cabeza descapotable que, como bien dice Michel Houellebecq en su novelón titulado Sumision, no deben de haber leído de verdad ni el Corán, pues el Corán habla por extenso de la relación de hermandad y convivencia con judíos y cristianos)…

Nada más peligroso que la demagogia espiritual que, como nos enseña la historia, es prima hermana de la demagogia político-identitaria.

Por eso hace hoy más falta que nunca citar al gran poeta y místico del islam Ibn Arabí cuando con fe humanista e integradora dice: “Mi corazón lo contiene todo: es pasto para gacelas y convento de monjes cristianos, templo de ídolos, Kaaba de los peregrinos, tablas de la ley judía y el libro del Corán. Yo vivo en la religión del amor: dondequiera que se dirijan sus cabalgaduras, ahí están mi religión y mi fe. Mi corazón es la caravana de camellos del amor.”.

Ha pasado el tiempo y no… Der hecho “nada podemos olvidar; nada queremos que borre el tiempo en nuestros corazones”, dejó escrito el poeta comprometido Eugenio de Nora, y hoy nos fundimos también con esos versos para rendir homenaje sentido a las víctimas.

Pero, a su vez, queremos revisar nuestros errores para aprender de ellos y que no se repitan. Y eso, que no se repitan los errores, pasa por que reconstruyamos los puentes que separan a nuestras fuerzas del orden, y que separan lo que esencialmente somos….

En verdad es toda una sorpresa que, tras el inconcebible y vil atentado de las Ramblas, el planeta haya seguido girando todo un año en vez de reventar en confeti y llanto y soul…

En fin.

Luis Artigue, escritor

www.luisartigue.org

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