lunes 09.12.2019

Dos Rosas en danza

Dos personajes públicos, dos mujeres de destacada trayectoria política han "escapado" en distintos momentos de sus cobijos partidistas y han buscado acomodo en otras formaciones. La primera Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, ha abandonado ese consistorio dos años antes de que se cumpliera su mandato. La segunda, Rosa Díez, se inventó anteriormente con determinadas compañías otro partido, ganó un escaño en el Congreso de los Diputados después de su etapa socialista como eurodiputada, y ahora afronta el reto de seguir prosperando como líder de UPyD, que también ha de probar sus posibilidades en las elecciones europeas del 7 de junio. Ella, Rosa Díez, disfruta todavía su acta parlamentaria del Congreso, pero su partido necesita ya el refuerzo de una vigencia avalada por los votos en las urnas que le salen al paso.

La incorporación de Rosa Aguilar, sin llegar a convertirse en militante, al proyecto del partido zapaterista, en detrimento de Izquierda Unida de la que ha desertado, puede considerarse en cierto modo, ahora con ella como consejera de Obras Públicas de la Junta, una ventaja para la causa de ZP en el marco de una Andalucía que, mientras no se demuestre lo contrario, sigue siendo la más importante cantera de votos del PSOE. Rosa Díez en cambio no representó nada cuantitativamente, aunque en el aspecto cualitativo pudiera entenderse en su momento que siendo abanderada del interés nacional, frente al nacionalismo vasco, se despedía críticamente de una línea socialista oportunista que después ha girado ciento ochenta grados sobre el rumbo de sus antiguas actitudes. Quién iba a decir que Patxi López acabaría entendiéndose por razones de conveniencia práctica con el PP de Basagoiti, tan alejado de la mentalidad de María San Gil e incluso del propio socialista Nicolás Redondo Terreros. Un dato que conviene no olvidar.

Al PSOE de ZP, que en Andalucía sufría el desgaste de la creciente impopularidad de Manuel Chaves y su parentela, reforzados en el peor de los sentidos por el incondicional Gaspar Zarrías, le ha beneficiado en teoría, y probablemente también en la práctica, la incorporación de Rosa Aguilar, cuyo prestigio de buena gestora municipal en Córdoba le avala como potencial aportadora de votos. Lo cual no significa que en Córdoba no vayan a pasar factura a la hora de las urnas, que también allí funcionan para algo. La nueva consejera de Obras Públicas de la Junta de Andalucía, acusada de desleal por los dirigentes de IU, estaba a disgusto en esta militancia. Pero lo que resulta difícil ignorar es que ese descontento ha sido aprovechado por el PSOE andaluz y hasta estimado desde Madrid. Queda por cuantificar lo que IU pueda arrastrar hasta las urnas como fondo de venganza, pero seguramente será más bien poco, lo cual no quiere decir que los cordobeses "neutrales" que promocionaron con sus sufragios a la ex alcaldesa no vayan a dejarse notar en alguna proporción. Decepcionados estarán muchos. Desde IU se ha hablado de "OPA hostil" socialista, o zapaterista. Y la verdad es que así parece.

Existe también la impresión de que la "operación Rosa" ha sido iniciativa de José Antonio Griñán, sucesor de Manuel Chaves, siempre con el respaldo de la Ejecutiva Federal. Lo que ha trascendido es que el fichaje de Rosa Aguilar se fraguó definitivamente en pocas horas. Falta ahora discernir si la venganza de IU, sorprendida a traición, no se limitará solo a la espontánea respuesta del electorado cordobés, sino que hallará oportuno reflejo en esos dos votos parlamentarios que IU reúne en el Congreso de los Diputados y que pueden perjudicar los intereses del PSOE y del Gobierno, precisamente en minoría y con la ofensiva que contra el zapaterismo han puesto en marcha otras minorías, como pudo constatarse en el debate parlamentario del pasado miércoles.

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