jueves 1/10/20

El fracaso de las negociaciones sobre cambio climático

Durante el mes de noviembre han tenido lugar en Varsovia (Polonia) negociaciones en torno al cambio climático. Las ONGs del medio ambiente han abandonado la reunión. Seamos realistas: hasta ahora la lucha contra el cambio climático ha fracasado. Desde que se reconoció jurídicamente el problema en el convenio marco de NNUU de 1992, la reducción global de emisiones ha sido un concepto más que una práctica real. Los países más contaminantes permanecen fuera del sistema del protocolo de Kioto (entrada en vigor en 2005) actuando como auténticos “free riders”: no adoptan obligaciones de reducción mientras que se benefician de las reducciones de los demás. Estos países tienen nombre, por ejemplo los EEUU y China. Japón, el quinto país en emisiones contaminantes, ha tirado la toalla aduciendo como excusa el desastre de Fukushima, unos días después de que el Tifón Haiyan arrasara las Filipinas. La Unión Europea parece la cenicienta de la casa, encabezando siempre la lucha contra el aumento de emisiones de Co2.

Cuando expiró el primer período del Protocolo de Kioto en 2012, se decidió prorrogarlo hasta el 31 de diciembre de 2020 en una versión descafeinada –la enmienda de Doha (Qatar)- donde quedaban sometidos básicamente la Unión Europea, Noruega y Australia que, en conjunto, no llegan a una quinta parte del total de emisiones. En Varsovia el objetivo era madurar un acuerdo multilateral para el 2015 en el que habrán de entrar los grandes países contaminantes y que entre en vigor o comience a aplicarse en 2020. Aunque se ha llegado a un acuerdo de última hora para mantener la puerta abierta a dicho acuerdo, todo está demasiado diferido en el tiempo, un tiempo en el que inexorablemente se habrá consolidado el cambio climático con consecuencias devastadoras y será demasiado tarde, incluso aunque el acuerdo fuera eficaz. Se dice que son medidas que deben adoptarse ahora pero su aplicación aplazada las convierte en una quimera. Ya estamos ahora mismo en un punto sin retorno, como advierte el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés), porque los informes científicos dicen que hay que adoptar medidas de reducción de emisiones en esta década y las negociaciones las aplazan a la siguiente.

Todo está demasiado diferido en el tiempo, un tiempo en el que inexorablemente se habrá consolidado el cambio climático con consecuencias devastadoras y será demasiado tarde, incluso aunque el acuerdo fuera eficaz

A los países en vías de desarrollo, que por su pobreza suelen ser los más afectados por el cambio climático, no se les puede decir ahora que se queden como están después de haberles marcado -a veces con fuego- el camino al desarrollo que habían de seguir. Ahora estos países reclaman con justicia una financiación compensatoria por no contaminar, el llamado Fondo Verde para el Clima. Todavía no se sabe de donde va a salir el dinero -100.000 millones de dólares anuales desde el año 2020- para este fondo -que los ultraliberales califican de instrumento socialista- cuando es un tema de justicia histórica porque la contaminación principal la han causado los países industrializados. El Banco Mundial tiene unas ventanillas para países en desarrollo cuyo nombre lo dice todo: “Fondo Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres” y “Programa Piloto sobre la Capacidad de Adaptación al Cambio Climático”, es decir, sobre la resiliencia perdurable frente a condiciones climáticas extremas. Todo un augurio sobre las necesidades del futuro. En esta dirección se ha establecido en la reunión de Varsovia un “mecanismo de daños y pérdidas” para compensar por daños causados por el cambio climático, aun sin fondos.

Y mientras tanto aquí suprimimos las ayudas a las energías renovables por lo que ya hay empresas extranjeras que han demandado a España ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial

En conclusión, hoy por hoy, más allá del mundo de los Estados y las organizaciones internacionales, carecemos de instrumentos adecuados de gobernanza global para satisfacer estos intereses colectivos –“responsabilidades comunes pero diferenciadas” según el Protocolo de Kioto- que afectan a toda la humanidad. La solución del problema queda al final en manos de la buena voluntad de Estados individualmente o asociaciones de Estados como la Unión Europea que marcan el camino a seguir. Y mientras tanto aquí suprimimos las ayudas a las energías renovables por lo que ya hay empresas extranjeras que han demandado a España ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial . Este golpe a las energías renovables sí es tener visión de futuro, de futuro negro, muy negro para las próximas generaciones.

 

El fracaso de las negociaciones sobre cambio climático
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