jueves 16.07.2020

Turquía

Golpe de estado en Turquía. A Erdogan le ha servido para recortar las instituciones turcas a su medida. El nivel de deposición, jueces y fiscales aparte, de oficiales y jefes militares no tiene paralelo, no ya en Europa, sino en el propio mundo musulmán. Turquía es un país con un grado de occidentalización que ansiaban en el pasado naciones como Túnez, Egipto o Irak. El kemalismo fue referente incluso entre muchos de los líderes de la independencia de la India. Turquía es un grandísimo país con una más que notable historia. 

Estambul es una de las más bellas ciudades del mundo, la costa turca es de un verdiazul casi celestial. Sus restos arqueológicos, sus mezquitas de piedra con las construidas por Sinan en lo más alto, los restos del mundo bizantino, del primer cristianismo, del mundo griego y también del romano hacen de esta maravillosa nación uno de los conjuntos del patrimonio cultural más ricos del mundo.

El kemalismo ha dejado una gran herencia a la sociedad turca

Turquía es un aliado en la OTAN. Su posición geoestratégica, fronteriza con Rusia, Irán y el mundo árabe, le hacen una pieza fundamental en el tablero mediterráneo oriental. Pero también tiene como todas las grandes naciones tiene contradicciones internas que condicionan su comportamiento. La cuestión kurda es una de ellas, Turquía no puede consentir las aspiraciones de un movimiento separatista que pretende segregar un tercio de su territorio. Y la tensión entre la religiosidad y el laicismo está presente desde antes de la desaparición de los Sultanes, desde los Jóvenes Turcos, movimiento político-militar que intentó modernizar la decadencia y consiguió derrocar a Abdul Hamid II y gobernar el país desde 1909 hasta la aparición del proyecto y la victoria de Kemal Pachá, más tarde llamado Ataturk, padre de los turcos. El kemalismo ha sido la reforma en profundidad con más éxito en el siglo XX en la modernización de los países no occidentales. El kemalismo ha dejado una gran herencia a la sociedad turca, y una incipiente clase media sobre todo comercial que la distinguía, y en comparación de la revolución rusa, su coetánea, ha resultado mucho más exitosa y con muchas menos injusticias de largo, algo que casi nunca se recuerda.

En un momento pareció que Erdogan quería superar la división laicos-religiosos con una oferta religiosa moderada que se comparaba con la democracia cristiana europea. Y además hacía gestos que decían de la aceptación de la herencia del régimen de Ataturk. Y tuvo mucho éxito electoral. Luego vinieron los reflejos autoritarios y los intentos de cambios de aliados en su zona. Y las detenciones de periodistas, tuiteros y blogueros.

Lo que es deseable para occidente es que Turquía permanezca de aliada y su gobierno busque el progreso por medio de las iniciativas y con las leyes que permiten ese progreso. Pero hoy estamos en un mundo convulso que tiene demasiadas coincidencias con momentos de la historia que asustan. En definitiva, un mundo de locos. Que Turquía permanezca cuerda sería bueno para el mundo.

Juan Soler

Senador de España

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