lunes 06.04.2020

Originalidad británica

Todo el mundo comenta los resultados de las elecciones a la alcaldía de Londres destacando en primer lugar la confesión religiosa del ganador. Es musulmán. A partir de ahí se hacen toda una serie de consideraciones que desvirtúan cualquier análisis servible.

Solo ha habido otros dos alcaldes en el Londres moderno: Ken Livingston, laborista, y Boris Johnson, conservador. Los dos eran personas distintas incluso entre sus iguales. Originales. Y eso es lo que les hizo ganar.

A Sadiq Khan le ha ocurrido algo parecido.

Es musulmán pero británico, con largo recorrido político como parlamentario y ministro. Su carrera y figura eran conocidas. No era un musulmán desconocido sobre el que se pudieran crear incógnitas electorales, no era un clérigo radical que diera miedo, era un político de religión musulmana, una importante minoría en el propio Londres donde sus correligionarios son el 13%.

A pesar de los esfuerzos de sus contrincantes, la gente lo ha visto mucho más como un laborista que como un musulmán. Y si me apuran habrán animado a muchos musulmanes que votaron conservador en las generales a votar al laborista que se veía atacado por ser como ellos.

Más que un éxito de los laboristas o los musulmanes ha sido un enorme fracaso de los conservadores. Cuando te obcecas en el error tu éxito es el fracaso. En España hemos visto ejemplos de libro.

Es envidiable la independencia y la estrategia con la que vota el inteligente elector británico. En las últimas generales del Reino Unido las previsiones eran un posible gobierno laborista en minoría apoyado por los independentistas escoceses. Era un peligro real. Ni las más optimistas encuestas daban ganador por mayoría absoluta a Cameron, que fue lo que sucedió. El británico, cuando vota en unas generales, es muy reflexivo. Y decidió que la división del laborismo y el auge del independentismo escoces eran un peligro indeseable para la nación. Y votaron en consecuencia a pesar de los errores de Cameron, a pesar de algunos errores, entre ellos el referéndum escoces, que lo fue y de bulto.

Pero no querían incertidumbres ni experimentos. Querían un país bien gobernado y eso no lo podían ofrecer los laboristas. No querían inestabilidad, por eso le dieron la mayoría absoluta a un premier conservador que tenía puntos débiles, pero una idea clara de lo que quería para su país.

En la elección de alcalde, el escenario ha sido otro. Es una elección más abierta donde siempre ha ganado la personalidad del candidato mucho más que la adscripción partidaria. Así fue con Livingston y Johnson y así ha sido ahora. El candidato laborista tiene un relato biográfico meritorio y muy relevante, donde con esfuerzo y talento, siendo de la humilde familia de un conductor de autobús, llegó a ministro del gobierno de Su Majestad. Su religión para la mayoría de sus votantes ha resultado secundaria y cuando se ha usado en su contra, casi una ventaja.

Y frente a él, mis queridos tories encumbraron a un millonario de generaciones. No tengo nada contra la gente de fortuna, pero alguien debería haber considerado que siempre, y en época de crisis más, el hijo de un conductor de autobús que ha hecho muchos méritos demostrables es una papeleta electoral mucho más bizcochable para un votante que alguien que ha salido y representa a la plutocracia de la City. Se trata de unas elecciones a alcalde, la gente quiere alguien a quien admirar y al tiempo sentirse cómodo. No alguien a quien envidiar y sentirse lejano.

Sí, como se puede comprobar soy un anglófilo. Los británicos, sobre todo los ingleses, nunca dejaran de sorprenderme. Para bien.

Juan Soler

Senador de España

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