sábado 19/9/20

Rompecabezas fiscal (II) ... y equidad planetaria

Volviendo al debate francés sobre la aplicación de un impuesto-carbono, hay que recordar que nuestros vecinos no son los primeros a los que se les haya ocurrido la idea. Antes lo han hecho los países cuyas opiniones públicas son especialmente sensibles a los problemas del medio ambiente tanto en su dimensión local como global.

Los primeros, como casi siempre, los nórdicos. Finlandia, Suecia y Dinamarca tienen impuestos sobre las emisiones de CO2 desde principios de los 90.En Suecia las familias pagan 108 euros por tonelada y las empresas 23.El impuesto habrá ayudado a que los suecos sean los europeos que menos contaminan (6,7 toneladas por habitante, versus una media de 9,3 en la UE).Desde 1991 la economía ha crecido un 48 % y las emisiones se han reducido un 9 %.Por otra parte, Suecia es muy poco dependiente del petróleo ,casi toda su electricidad es nuclear o hidroeléctrica .Las nuevas fuentes de energía renovable, como los biocombustibles, están exentas del impuesto, lo que explica que en las gasolineras suecas se sirva mas etanol que en ningún otro país europeo.

Después de los nórdicos han seguido los alemanes, los británicos, los suizos y los canadienses. Podemos ver en ellos a las sociedades más ricas y a la vez mas lucidas de nuestro tiempo. Pero es difícil encontrar muchas características comunes en lo que cada uno ha hecho. Lamentemos que no haya habido la menor armonización europea, ni creo que la vaya a haber .En mis tiempos de Ministro de Medio Ambiente todos los intentos de crear un impuesto europeo sobre las emisiones de CO2 fracasaron ante la intransigencia británica y nórdica de someterse a una figura impositiva que escapase a su soberanía nacional. Aunque luego han sido los únicos que lo hayan hecho,…..Impuesto si, pero el mío.

Si Suecia aparece como el ejemplo virtuoso, Alemania podría ser el contraejemplo .Instaurado por la coalición roja-verde de Schroeder grava la electricidad, aunque de forma diferente según quien la consuma ,y lo que recauda contribuye a financiar las pensiones .Pero no parece que haya conseguido grandes resultados desde el punto de vista ambiental.

De todos los ejemplos que existen, no hay dos iguales ni siquiera parecidos. Ello induce distorsiones en la competitividad de las empresas, y lo hará mas en el futuro a medida que esta clase de fiscalidad vaya ganando importancia .Por el momento los debates que produce pueden parecer tormentas en un vaso de agua dado lo modesto de sus cuantías. Por ejemplo, en Francia existe ya un impuesto sobre la gasolina de50 céntimos/l. La tasa carbono que propone Rocard significa 7 céntimos/l. No parece que algo así sea capaz de modificar substancialmente los comportamientos.

La suerte de este tipo de propuestas innovadoras depende de su aceptación social. Y para ello hace falta que sean coherentes y no parezcan como intentos de aumentar los impuestos generales por la puerta de atrás pintándolos de verde para que la píldora sea menos amarga.

El test de coherencia suele ser difícil de pasar. Con la electricidad por ejemplo,¿hay que gravarla o no?.No, dicen los autores de la propuesta porque el 70 % de la producción de electricidad francesa es nuclear que no emite CO2.Si, dicen sus críticos porque los picos de demanda se abastecen con centrales que utilizan combustibles fósiles y hay que empezar limando esos picos.

¿Las empresas deben pagarlo o estar exentas?.No ,para evitar aumentar sus costes y porque ya están sometidas al sistema europeo de cuotas de emisión. Si, pero en ese sistema la asignación inicial de cuotas fue gratuita y hasta el 2013 al menos solo tendrán que pagar si rebasan las que se les asignaron y lo que paguen lo cobrara otra empresa que les venda sus excedentes.

Lo mas gordo es cuando la patronal francesa, aprovechando que el Sena pasa por Paris, propone que no solo estén exentas sino que la recaudación obtenida se destine a suprimir impuestos empresariales como la tasa profesional. O sea, que no solo no la quieren pagar sino que se llevan lo recaudado…Una mala manera de matar una buena idea.

Y de buenas ideas hacen falta muchas para hacer frente al cambio climático de una manera equitativa .La principal dimensión de las discusiones que están preparando la conferencia de Copenhague es la de la equidad a escala planetaria .Y en Copenhague no habrá acuerdo sino se encuentra una solución para evitar que la lucha contra el cambio climático sea un obstáculo adicional para el desarrollo de los países pobres

Por eso me parecen un poco indecentes las exclamaciones con las que anunciamos que China es ya el mayor contaminador del planeta. Lo importante no son los países sino las personas y aunque todos los chinos juntos generen más CO2 que todos los norteamericanos, una elemental equidad en el reparto de un bien publico global exige tener en cuenta cuantos son unos y otros y cuales son sus niveles de renta respectivos.

Por eso mismo, el concepto de hombre-rico/ hombre-pobre no puede asimilarse al PIB per capita del país donde vive. África es pobre pero en África también hay ricos que generan demasiado CO2.Y no digamos en China donde la desigualdad en la distribución de la renta ha crecido mas deprisa que su economía. Y en los países ricos hay también muchos pobres.

Lo cierto es que la mayor parte de las emisiones provienen de forma desproporcionada de los terrícolas ricos, independientemente de su nacionalidad. Por eso la idea de fijar un limite individual máximo de las emisiones compatibles con el equilibrio del clima y gravar a los que lo rebasen (rebasemos), estén donde estén, se va abriendo camino.

Un tema apasionante sobre el que habrá que volver en estas paginas digitales. [email protected]

Rompecabezas fiscal (II) ... y equidad planetaria
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