martes 19/1/21

CNI: La casa de los líos

Un mes después de la renovación del mandado del director general del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), Alberto Saiz, en contra del criterio de la ministra de Defensa, Carme Chacon (qué ya quiso cambiarlo cuando renovó la cúpula militar), las dudas del presidente del Gobierno y el apoyo de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y del jefe de Gabinete del Presidente, José Enrique Serrano, la "Casa" de los espías españoles continúa siendo fuente de conflictos internos y externos, y se ha convertido en la "Casa de los Líos".

Internamente, se ha producido la dimisión del jefe de la división de contraespionaje y, externamente, está sin aclarar el papel de agentes del CNI en Cuba que, indirectamente, habrían contribuido -gracias a uno de los colaboradores del Centro, el delegado de varias empresas del País Vasco en La Habana, Conrado Hernández- a la caída de dos importantes hombres del régimen cubano, el ministro de Asuntos Exteriores, Felipe Roque, y el vicepresidente Carlos Lage.

La detención en el aeropuerto de La Habana de Hernández, que se ignora si es agente doble, ha destapado toda una trama que ha provocado la protesta del Gobierno cubano, la llamada del embajador español Manuel Cacho a Madrid y la salida de algunos agentes del CNI de la isla.

Paralelamente a este incidente, en un momento clave de las relaciones de España con Cuba, ya que se está preparando un viaje oficial del presidente del Gobierno a la isla antes de que nuestro país asuma la Presidencia europea. Los "problemas internos" que existen en el Centro, según reconoció recientemente el propio Albero Saiz ante la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados, han provocado la dimisión del jefe de la división de contraterrorismo, que, en una carta a la secretaria general del CNI, Elena Sánchez Blanco, hace una crítica de la situación de crisis en la que se encuentra el Centro y en la forma de dirigirlo.

Esa carta puede dar lugar a la incoación de un expediente disciplinario similar al que se le abrió a la agente Mari Cruz Perote, sobrina del antiguo jefe operativo del Cesid Juan Alberto Perote, a la que el propio Centro puso en peligro al filtrar la noticia a la prensa con su nuevo nombre, que se cambió para que no la relacionasen con su tío...

La dimisión del jefe de contraterrorismo se une a una larga lista de cambios, ceses o salidas voluntarias, por diferencias en la forma de dirigir y coordinar el Centro, que se han venido produciendo desde la llegada de Saiz, hace ahora cinco años. Han sido más de una treintena los altos cargos que han sido relevados o se han ido voluntariamente, entre ellos, veinte subdirectores y once directores técnicos.

Pero, es más, durante este periodo ha habido tres responsables de la secretaría general del CNI (María Dolores Vilanova, Esperanza Castellano y la actual Elena Anches), y cuatro directores técnicos de recursos: Juan Luis Repiso, Myriam Serrano, Felipe Carrera y Antonio de Cea.

Hace ahora un año, un real decreto modificó la estructura del Centro y se creó una tercera división técnica, la de Apoyo a la Inteligencia, al frente de la cual permanece Francisco Montes.

Pero el gran conflicto se planteó con la destitución por parte de Saiz del coronel Agustín Cassinello, destinado en la Embajada española en Londres y experto en temas de la OTAN. Y de inteligencia...

Cassinello, que fue reclamado con urgencia por Saiz, sólo duró en el cargo unos meses, y su cese, por diferencias en la programación de las operaciones antiterroristas, repercutió indudablemente en las tres subdirecciones que dependían de él: la Inteligencia exterior, la contrainteligencia y el contraterrorismo.

El cese de Cassinello, uno de los militares con más prestigio dentro de la inteligencia española, hijo de quien fue director de los servicios de información de la Guardia Civil, y hombre de confianza de Adolfo Suárez, nunca fue explicado y está en el origen de muchos de los conflictos que, en estos momentos, no controla un director general que se ve desbordado por unos subordinados que no creen en él ni en sus métodos de trabajo, pero que sorprendentemente ha sido confirmado en su puesto.

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