jueves 15/4/21

Estrella Digital

Georgia, manzana de la discordia

No todo consistía en echar abajo el escudo; el escudo antimisiles checo-polaco que tanto incomodaba a los rusos, por sentirse amenazados -decían éstos-, que proyectaron instalar en Kaliningrado, el antiguo Königsberg, la patria chica de Kant, un dispositivo de cohetes capaz de fulminarlo en un abrir y cerrar de ojos. Tampoco las mieles del entendimiento nuevo entre Washington y Moscú quedaban aseguradas por el proceso de desarme nuclear ni por la reactivación del tratado sobre reducción de armas convencionales en Europa. Por más que puedan resultar alentadores los apoyos rusos para volver más permeables los enrocamientos iraníes en la partida de ajedrez que están jugando con el resto sobre el tablero de su programa nuclear.

Las rebajas de Obama por el fin de temporada -la de los ocho años de Bush en la Casa Blanca- no llegan ni a olvidarse de Georgia, cuya integridad territorial ha desmochado Rusia otorgando la independencia a Osetia del Sur y Abjasia, ni tampoco a pasar por alto el ascendiente de Moscú sobre el régimen comunista de Corea del Norte, o las travesuras de este fósil de la Guerra Fría que se pasa por ahí la legalidad internacional y las sanciones de la ONU con nuevos disparos de misiles, aunque sean de corto alcance, e insiste en negociar de tú a tú con Estados Unidos su desnuclearización, antes de volver a la rueda de las negociaciones a seis (China, Rusia, Japón, Corea del Sur y la propia Estados Unidos).

Esta rueda negociadora en la que el régimen de Pyongyang pretende subastar la renuncia a sus activos atómicos es escenario, por otra parte, que añade un elemento de oportunidad concreta a eso de la diplomacia multilateral con que se llenan la boca, con el propio Obama, todos los muchos enemigos que cosechó el presidente Bush, además de la colla infinita de europeos, en la izquierda y por la derecha, a quienes fastidia y enoja la primacía norteamericana en los asuntos mundiales.

Excepto en lo del Cáucaso, donde Rusia amputó a Georgia dos regiones después de que previamente, en los Balcanes, la OTAN impusiera la amputación o independencia de Kosovo a Serbia, todo parece haber ido a las mil maravillas en el encuentro de H. Clinton, la secretaria de Estado norteamericana, con su homólogo ruso Serguei Lavrov, hasta el punto de poder afirmar que se han hecho avances significativos en el plano del desarme nuclear.

Pero hay que insistir en la importancia del disenso sobre la cuestión de Georgia, no sólo por la importancia geoeconómica de la que fue pieza de la URSS, en razón del paso de los oleoductos que han de traer hacia el oeste petróleo y gas de la cuenca del Caspio y del Asia central, sino porque también es piedra de toque -poco menos que escandalosa- en las pretensiones de la Rusia actual de heredar como propia la espesa sombra que la Rusia soviética proyectaba sobre su entorno, impidiendo que creciera la hierba de la libertad como impide que crezcan las hierbas todas la sombra compacta de los hayedos.

Tanto Georgia como Ucrania y como Polonia expresan el sentimiento de temor de la Europa centro-oriental por el peso del pasado. Se sentían mejor con el escudo en alto.

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