viernes 21/1/22

¿Y si pidieran perdón?

Otro día negro para el PP. Porque la sentencia de la Audiencia Nacional que condena al general Vicente Navarro a tres años de prisión, por falsificación en documento oficial en la identificación de 30 de 62 cadáveres en el accidente del Yak-42, concierne al partido de Rajoy porque el delito se perpetró bajo el mandato en el Ministerio de Defensa de Federico Trillo. Ni éste ni el Gobierno de Aznar de entonces incurrieron en responsabilidad penal; pero sí en la política, que es la que depura la opinión publicada y la pública y que suele descargar su veredicto sobre las urnas. Trillo puede "acatar pero no compartir" la sentencia, pero no le deja bien parado y él lo sabe, como lo sabía ayer toda la organización popular, que hubo de digerir otro plato indigesto: su secretario general en la Comunidad Valenciana declaró como imputado por un delito de cohecho y seguidamente, por el mismo tipo penal, lo hará Francisco Camps.

¿Cómo se pueden manejar estos asuntos para que no deterioren a los populares? Con gestos y comportamientos que la sociedad interprete como coherentes con la dignidad política. Y así, Federico Trillo, en vez de encastillarse en una postura hermética, ¿no podría declarar que lamenta la mala gestión de la identificación y repatriación de los cadáveres de nuestros soldados?, ¿no podría el ex ministro de Defensa asumir la responsabilidad política -la culpa in vigilando- que como titular del Ministerio le incumbía? En otras palabras: ¿no se merecen los ciudadanos que, por una vez, se pidan disculpas por el comportamiento que ha llevado a la condena criminal de un general, y a dos oficiales más como cómplices de aquél?

Mientras Ricardo Costa -y el propio Camps- se enrocan en un lenguaje críptico, ¿no podrían demostrar la inocencia que proclaman mediante pruebas que lleven al ánimo de la opinión pública la seguridad de su comportamiento ortodoxo?, ¿es imposible que, caso de no disponer de esas pruebas y de haber aceptado esos u otros regalos, lo digan y nieguen la existencia de cohecho, lo cual por cierto, sería perfectamente compatible?, ¿nadie en el PP se ha planteado que estos episodios -y en general tanto la trama 'Gürtel' como los presuntos espionajes- le llevan a un precipicio cuando más necesaria es la oposición en España? Porque, siendo cierto -ciertísimo- que el Gobierno de Rodríguez Zapatero adquiere día a día perfiles caricaturescos, ¿está siendo percibido el PP como una alternativa creíble? La respuesta es, desgraciadamente, negativa.

En Gran Bretaña se está produciendo un episodio no delictivo pero sí de paupérrima moralidad política: los cobros abusivos de miembros de la Cámara de los Comunes, cuyo speaker ya ha dimitido. Allí, el premier ha pedido perdón y ya hay una cadena de disculpas y ceses. ¿Por qué en España no se puede reaccionar igual? Quizá porque aquí seguimos bajo el despotismo pedestre de una clase dirigente mediocre -¡que espectáculo circense en el Congreso de los Diputados con pactos cruzados e ininteligibles!- a la que el electorado va a castigar con el desprecio de su abstención el 7-J, porque si el Gobierno no hizo acto de contrición tras el famoso "proceso de paz" con ETA o la negativa a admitir la crisis económica, ahora el PP tampoco se aviene a reconocer sus carencias y excesos. Ni uno, ni otro. Muchos ciudadanos pensarán -y será muy lógico que así lo hagan- que no votar puede ser, a la inversa, tan democrático como hacerlo. Y, a la postre, más eficaz. De alguna forma esta situación tiene que entrar en catarsis.

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