martes 18/1/22

¡Que he dicho que no!

No sé de qué se extraña nadie, en un país donde El Empecinado fue un líder, un héroe, y Don Erre que Erre un éxito de taquilla. Parece que el 60% del Comité Federal del PSOE ha decidido que los españoles no tengamos que volver por tercera vez a las urnas en el lapso de un año para votar lo mismo. Líderes socialistas, realmente autosatisfechos y pagados de sí mismos, tras dividir al partido y cosechar los peores resultados de la historia con la estrategia del no y terceras elecciones, siguen en las mismas. “¡Que he dicho que no!”. Olé.

Afortunadamente el país pasará página en unas semanas y los políticos tendrán que gobernar bajo el tablero y con las cartas que les hemos dado los españoles. Dos veces, no una. Que no son demasiado buenas para Mariano Rajoy, todo hay que decirlo.

El Partido Popular va a gobernar en franca minoría, algo a lo que no está acostumbrado. Tendrá que hacer recortes por mor de las imposiciones de Bruselas. Que no es que sean a mala leche, es que tienen que ver con la necesaria disciplina presupuestaria.

Hace un par de semanas Miguel Ángel Revilla, socio habitual de Podemos y del PSOE, decía alegremente en un foro en Madrid que “hay dinero a manta”. “A gastar”, proponía. Bueno, nadie dijo que la demagogia tenía que coincidir con la verdad. La verdad es que gastamos unos 5.000 millones de euros de más. Un pico. Y con esa le toca bailar a Rajoy. De gastar, poquito.

Ver a políticos como Iceta, Sara Hernández o la presidenta Armengol salir de un Comité en el que se ha discutido abierta y francamente, donde se ha votado y han perdido, seguir diciendo “¡que no!”, produce desazón y tristeza. Sánchez, que tan marketiniano era, debía haber visto que “no es no” es la negación de los eslóganes. Es un mal eslogan, que solo remite a tozudez y cerrajón, como la del personaje de Paco Martínez Soria y su boina.

El error de estrategia de Sánchez fue tremendo, dramático, sobre todo para su partido. La estrategia del “no es no” le restó votos, diputados y margen aritmético en las segundas elecciones generales. En los siguientes comicios en Galicia y País Vasco, con más ración de “¡no!” y más chulería –ni le pillaba el móvil a Rajoy, como un novio esquivo–, los resultados tomaron proporciones de hecatombe.

Pero como esta política postmoderna es así, Pedro Sánchez hizo caso a Iglesias Turrión, que es quien le estaba segando de verdad la hierba bajo los pies. Estos días oí a una preclara analista de la izquierda afín a Podemos que, lo que debía hacer el PSOE era congraciarse con Podemos, porque era su rival. Sí, así lo dijo en público –en una radio–, y se quedó tan ancha. Como dijo Javier Fernández, la “podemización del PSOE”, que no llevó a lado alguno.

En esto de comprarle el discurso a Podemos somos muchos los culpables. Ahora que la grey de Iglesias se está echando al monte, seguramente pueda el PSOE ver la luz. El partido tiene que decidir cómo será esa luz y dónde estará su posición en qué temas. Si tienen orejas para leer esto que les escribo con cariño un domingo de lluvia, por favor, sea lo que sea, que no hagan caso a las redes sociales, esa secta inquisitorial.

La legitimidad. Tanto en el anterior Comité Federal como en el de este fin de semana, unos cientos (algunas fuentes dicen 100, mondos y lirondos) de personas que se decían “militantes” (eso está sin demostrar) se plantaron ante la sede de Ferraz para acosar a gritos a los que no están de acuerdo con ellos. Francina Armengol aseguraba que “hay que devolver el partido a los militantes”. A mi me parece discutible, con todos los respetos, que un partido sea de sus militantes. Del mismo modo que cada cual interpreta el voto según le da la gana: “Nos han votado para esto”, se dice arrogándose la interpretación de millones de voluntades. Cada cual irá a la suya, digo yo.

Ya puestos a preguntar, quizás deban preguntar a los seis millones –¡seis!, ¡6! Millones de votos y voluntades– que han perdido en el camino. A ver si dicen que no, que sí, o que les zurzan.

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