lunes 17.02.2020

Primero de mayo: corrupción, precariedad y desempleo

 

El 27 de abril de 1977, hace cuarenta años, las Comisiones Obreras eran legalizadas varios meses después que la mayoría de los partidos políticos. A pesar de ello las manifestaciones del Primero de mayo de aquel año fueron ilegales. Los sindicatos de clase: CCOO, UGT y USO convocamos pacíficamente, pero los grises se emplearon a fondo para disolvernos. Costó mucho arrancar esa libertad y esa democracia que el fascismo franquista nos arrebató definitivamente en 1939.

Cuarenta años después, la democracia sigue siendo atacada a golpe de maletines, cuentas en Suiza y una corrupción generalizada que anida en la madrileña calle de Génova, sede del PP. Nadie puede negar que la Comunidad de Madrid fue el laboratorio del capitalismo salvaje, neoliberal y corrupto construido con el golpe que supuso el Tamayazo.

En 2003 Rafael Simancas, candidato socialista, iba a ser investido presidente de la Comunidad de Madrid con el apoyo de IU, cuando un diputado y una diputada socialistas traicionaron la voluntad de la ciudadanía impidiéndolo. También el PSOE de Madrid debería profundizar sobre cómo se realizaron aquellas listas electorales. Las elecciones se repitieron y comenzó a funcionar el pseudomafioso laboratorio madrileño con Esperanza Aguirre como presidenta de la región. Un modelo organizado que se fue exportando a otras comunidades gobernadas por el PP.

A la cazatalentos Aguirre, CCOO de Madrid la consideró “enemiga pública” cuando emprendió su ataque a la enseñanza y sanidad públicas. Junto a UGT y el tejido social madrileño nos hemos movilizado porque el PP venía a saquear nuestra región y meter a la democracia en un bucle de pérdida de derechos.

La respuesta de esa organización llamada PP fue clara: atacarnos por tierra, mar y aire. Nos intentaron ahogar económicamente, nos quitaron cientos de liberaciones sindicales e intentaron desprestigiarnos en esos medios de comunicación repletos de “sobrecogedores” a la antigua usanza. Paralelamente, en la organización patronal CEIM, ponían a sus amiguetes. Al tiempo controlaban Telemadrid sin pudor y otorgaban canales digitales televisivos.

Aguirre dimitió como presidenta de Madrid porque tenía cáncer y el llamado a sucederla fue Ignacio González, quien acaba de ingresar en prisión como protagonista de la mediática Operación de Lezo, que nadie sabe en lo que puede acabar. Una buena parte de los miembros de la organización: Granados, López Viejo, González…, están en la cárcel y Aguirre ha dimitido por enésima vez, ahora como portavoz del Ayuntamiento de la capital, pero no nos conformamos con eso.

Hay que cambiar este modelo utraliberal de regalos fiscales. Este modelo privatizador alienta la corrupción de todo el sistema. Los partidos políticos madrileños tienen que tomar nota e impulsar un cambio radical. Que lo hagan como quieran, pero que lo hagan. Los partidos políticos de la oposición tienen que estar a la altura de las circunstancias. Hace un año, tras las elecciones generales, fueron incapaces de ponerse de acuerdo y Rajoy volvió a gobernar.

La falta de generosidad, el cainismo, la miopía de unos y otros han conseguido que la precariedad, la desigualdad y la corrupción retornen con fuerza gracias al gobierno del Partido Popular. Por eso, este Primero de mayo saldremos también a la calle a clamar contra la corrupción.

Hemos salido de la recesión, pero no hemos salido de la crisis como evidencia que en la región de Madrid (la más rica de España), se ha disparado la pobreza salarial. Pero tampoco podemos resignarnos a perder poder adquisitivo, ni en el sector privado, ni en el sector público. Por eso, el lema escogido este Primero de mayo por CCOO y UGT es “no hay excusas”.

Y es que no hay excusas para derogar las últimas reformas laborales que han instalado la precariedad como norma de contratación. No hay excusas para poner en marcha un Plan de Choque por el empleo a quienes más dificultades tienen para acceder a un puesto de trabajo. Tampoco hay excusas para devolver el equilibrio de fuerzas en la negociación colectiva para que sindicatos y empresarios podamos negociar en igualdad de condiciones el contenido de los convenios, algo que fue arrasado por la reforma laboral de 2012.

Pero tampoco hay excusas para recuperar el Estatuto Básico del empleado público y el derecho efectivo a la negociación colectiva en el sector público. Además, hay que reformar el sistema de prestaciones por desempleo para que llegue a todas las personas sin empleo y ofrezca unas garantías mínimas. Además, es inexcusable a estas alturas la inexistencia de un salario mínimo interprofesional suficiente y estable, con el objetivo de que al finalizar la legislatura alcance los mil euros, garantizando lo que dice la Carta Social Europea. Esto es, que será siempre equivalente al 60 por ciento del salario medio del país.

Además, no hay excusa para que no se concrete una ley de igualdad salarial entre hombres y mujeres que cierre definitivamente la brecha salarial. Asimismo, es urgente derogar la reforma de las pensiones de 2013, que está empobreciendo a las personas más mayores, tantas veces sostén de familias enteras. Exigimos la puesta en marcha de una prestación de ingresos mínimos como la aprobada por el Parlamento a propuesta de CCOO y UGT para sacar de la miseria a las 630.000 familias que no poseen recursos.

Sin duda, no hay excusa para la recuperación progresiva del gasto en Sanidad, Educación, Protección Social y Ayuda a la dependencia, extendiendo su cobertura y mejorando la calidad de sus servicios. De igual forma, es preciso poner en marcha un Plan Estratégico para la Industria que promueva el cambio de modelo productivo; así como potenciar la política científica e investigadora, con unas condiciones dignas para esta comunidad, porque como se reclamó el pasado 22 de abril, sin ciencia no hay futuro.

En definitiva, los recortes y la precariedad deben pasar ya a la historia más oscura de la Comunidad de Madrid y de España. Ya no hay excusas. Nuestras herramientas seguirán siendo la presión y la negociación.

Primero de mayo: corrupción, precariedad y desempleo
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