jueves 12.12.2019

Angela Merkel gana en la lotería

Las elecciones alemanas de ayer han cuestionado de nuevo la fiabilidad de las encuestas y quebrantado el aserto de que la televisión desempeña un papel fundamental a la hora de escoger candidato.

Los sondeos se mostraban indecisos sobre si la democracia cristiana de la señora Merkel tendría que gobernar de nuevo a regañadientes con sus rivales socialdemócratas -la presunción era que los dos grandes partidos habían caído en la intención de voto- o si podría aliarse con los más cómodos liberales, más afines a su ideología. La realidad no ha sido ambigua, los votantes se han inclinado por la segunda opción, no sólo otorgan a la señora Merkel un placentero 33,9% sino que los socialdemócratas sufren el mayor varapalo de su existencia (23,4%) y los deseados por la canciller, los liberales, obtienen un récord histórico, 14,6%.

En la aburrida, sin encontronazos, campaña electoral, "la campaña del valium", la señora Merkel tuvo un cara a cara televisivo con su rival socialdemócrata. Éste salió claramente vencedor según todas las encuestas. No le sirvió para mejorar sus cifras. La señora Merkel no es ni carismática ni televisiva, pero sí muy apreciada. Tiene un nivel de aceptación del 75%, superior probablemente al de cualquier canciller del pasado. Ahora se casará con los liberales, pueden muy bien reunir 320 diputados de 598; ninguna de las otras combinaciones posibles, de los socialdemócratas, verdes y el partido Die Linke, de izquierdas (que ha tenido un gran resultado, 10%), puede arrebatarle el poder.

Las coincidencias en el nuevo matrimonio son amplias, quieren bajar sustancialmente los impuestos, los empresarios germanos están de enhorabuena, aunque veremos en plena crisis económica hasta dónde pueden hacerlo. También congelarán, tal vez sine die, el desmantelamiento de las centrales nucleares. Querrán hablar con Estados Unidos de Afganistán pero, salvo nuevas y escandalosa bajas, no decretarán la salida a corto plazo de los 4.200 efectivos teutones en aquel país. Luego, a medio plazo, tendrán que hincarle el diente a un tema relacionado con la competitividad y que tarde o temprano se plantean muchos gobiernos europeos: cómo hacer más flexible el mercado laboral y qué hay que hacer para que se pueda mantener la asistencia y seguridad social con una población en la que los jubilados crecen imparablemente.

Comentarios