lunes 11.11.2019

Lejos de Europa

Si se observan las preocupaciones y las gestiones de los principales partidos políticos de cara a las próximas elecciones europeas, no cabe sino poner en duda el tan mentado europeísmo español. Podemos consolarnos con ese rótulo o disimular los complejos de recién llegados al contexto internacional, pero Europa como proyecto político es todavía algo inexistente en nuestro debate y, si hay una opinión pública europea (que es la base de cualquier construcción política), desde luego no estamos en ella. Al menos como creemos.

Por un lado, la elaboración de las listas: el PSOE -dicen- busca una mujer con gancho político para reforzar la lista que encabezará un buen candidato, Juan Fernando López Aguilar; el PP espera conocer los acompañantes de Jaime Mayor Oreja entre los inevitables (Miguel Arias Cañete, Íñigo Méndez de Vigo -absurdamente relegado en la última ocasión-) y los compromisos de la paridad. Lo que se constata que se juegan unos y otros está en la política española. Unos, los socialistas, quieren reivindicarse como principal fuerza política tras las últimas elecciones y el traspiés de Galicia. Otros, los populares, quieren demostrar que, precisamente después de las elecciones gallegas, constituyen un partido que puede realmente ganar las elecciones. Hay también una cuestión de liderazgo, pero también es interna: Rodríguez Zapatero quiere que las urnas desmientan que ha comenzado el ciclo de su declive: Rajoy desea que confirmen que es el líder que ya no puede ser discutido.

¿Y Europa? Brilla por su ausencia en el debate. El impulso "europeísta" que el Gobierno socialista quería dar a su política exterior era más bien un modo retórico de oponerse al "atlantismo" del PP que un proyecto serio para debatir el futuro de la Unión. Ahora, desde el punto de vista de los iconos útiles para el escenario nacional, interesa más la foto con Barack Obama y Europa sólo cuenta para que España encuentre un lugar en las grandes reuniones internacionales. Pero incluso esta negociación es bilateral, y hasta si se apura la cuestión, comercial, y no sobre la realidad europea. En el PP, con las tensiones internas que supone tener en la cabecera de la lista un crítico al que le parecía acertado y honesto que María San Gil abandonara la política por desconfiar de Mariano Rajoy, Europa es sólo el receptáculo de valores particulares, que son los que se quieren (o al menos quieren algunos) defender en el debate interno para demostrar su "utilidad", por utilizar una expresión reciente de Mayor Oreja.

No es sólo un problema español, como lo demuestra la inexistencia, a derecha e izquierda, de candidatos para presidir la Comisión, que habría sido un modo interesante de encarnar un cierto debate sobre el futuro de la Unión Europea. Pero si en el resto de países la construcción europea es una cuestión de gabinete, aquí aún estamos más lejos. Lo malo es que, por no preocupar, no preocupa ni la participación en las elecciones. Basta con hacer cálculos acerca de cómo podrá afectar a los intereses partidistas. Ya se sabe, somos el país más europeísta y el primero en aprobar la fallida Constitución y...

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