Domingo 16.12.2018

Una tesis sin negro, pero con power points

Pedro Sánchez elaboró su tesis, en buena parte, con documentos del Ministerio de Industria no firmados, parte de los cuales figuraban en su web. Ex miembros del equipo de dicho departamento le ayudaron a conseguir tal material. Ni era secreto ni era ilegal tal ayuda.

Con uno de ellos, el más afín, Carlos Ocaña, exjefe de gabinete de Miguel Sebastián, cofirmó un libro un año después de elaborar la tesis donde reutilizaba dicho material. Sánchez plagiaba a Sánchez. Porque primero fue la tesis y luego el libro. Que un libro de Sánchez repita una tesis de Sánchez no puede fundamentar una acusación de ningún tipo.

 Todo esto no perfila un negro, como bien sabe cualquier presentadora de televisión. Porque ni Ocaña escribió la tesis de Sánchez, ni escribió, impulsó o coordinó tales informes para Sánchez. Lo hizo para su ministro sin atisbar donde caerían tiempo después. Ocaña estaba completamente volcado en su tarea de Director del Gabinete del Ministro.

Hacía lo propio de cualquier jefe de gabinete: coordinar la agenda de su ministerio. Y, en ese sentido, impulsó decenas de power points con los que exponía aspectos de la política ministerial.

Un año después, ya fuera del Gobierno Sebastián y Ocaña, un ávido Pedro Sánchez de documentación insertó tal material en su tesis. Y no olvidó citar la fuente en su tesis: Ministerio de Industria. Nada menos que 28 citas como fuente, de las cuales son directas 17. No podía citar otro autor porque tales informes no tenían autor, salvo el propio Ministerio de Industria.

Era documentación ministerial, por ello, también difícil de rastrear para mostrar coincidencias. Pero, en todo caso, nunca se trataría de una obra con autor individual reconocido y publicación registrada. Eso dificultaría la acusación de un grueso plagio.

Y eso sin contar otras siete citas en su tesis de comparecencias del exministro de Industria. Miguel Sebastián. Sánchez no olvida citar al exministro, pero tampoco al boletín del Congreso donde aparece la intervención. Como diputado y miembro de la Comision de Industria del Congreso, Sánchez tenía acceso directo a todas las áreas del Ministerio, sin necesidad de pasar por Ocaña.

Que no exista un negro no impide que luego haya  incorrecciones o imperfecciones en las estrictas normas académicas de citar textos ajenos o propios para no incurrir en plagio. Pero precisamente eso habla más de una tesis construida con deficiencias técnicas que al amparo de una niquelada literatura hecha ad hoc por "un negro".

Y tal ha sido la acusación lanzada sobre Sánchez. Le acusan de plagio periodistas que se pelean sobre quién dio la primera noticia sobre la tesis de Sánchez y quién la copió tres años después para firmarla como primicia. Periodistas que calcan sin rubor noticias ajenas sobre la ex directora de Tráfico, plagian al comisario Villarejo sin citarlo o que han escrito novelas con negro. Pero el plagio periodístico no es noticia.

Y, obviamente, las deficiencias de las citas de la tesis de Sánchez no afectan al equipo de Sebastián, que facilitó una información, pero no redactó la tesis. Igual que los periodistas son responsables de si citan bien o mal la información sumarial que reciben: la culpa no será del juez, ni del fiscal, ni del abogado. Casualmente, este ataque de copiar textos oficiales sin rubor ni rigor ha sido lanzado igualmente por la Prensa contra el líder del PP.

A lo peor el debate por encima de rastrear supuestos tratos de favor habría que localizarlo en los bajos niveles de exigencia de las universidades españolas, que sólo afloran con toda su crudeza cuando se trata de apellidos ilustres, pero no son distintos del resto de universitarios. Y un nivel que acaso en las universidades privadas aún esté varios peldaños por debajo.

Queríamos una democracia representativa y lo hemos logrado: los políticos son como los demás ciudadanos, incluidos los universitarios. Ni mejores, ni peores.

¿Es bueno o malo que sean tan poco apegados al estudio como el resto? ¿Revisamos los mástereres de los directores de diario? Sé que habría sorpresas. No es una buena noticia que haya tanto visitante ilustre del rincón del vago, pero más vale que Moncloa no aplique sus rastreadores antiplagio a toda la población.

Habría que demostrar que mientras Casado o Sánchez hacían un corta y pega el resto de los alumnos descubrían la teoría de la relatividad en sus tesis o mástereres.  Cuesta creer que el tribunal de Sánchez sólo fuera poco exigente con él, un político sin caché alguno en 2012.

El título que tiene ahora Sánchez no se lo ha dado la universidad. Se lo ha dado el Parlamento y debería doctorarse en las urnas. La tesis de Pablo Iglesias, con miles de estrategias para rentabilizar cargas policiales, no es para ir a recoger el Nobel, pero tampoco lo invalida. Invalidan más las promesas incumplidas.

Ni fulmina a Casado un mal máster, salvo que se aprecie una deliberada ayuda en su obtención. Lo dirá la justicia. Y Rivera... tanto daño sufrido por añadir un doctorando que no es.

Pero, por encima de las notas académicas que recibieron nuestros políticos, la decisiva es la que nos corresponde a los votantes darles cuando toque. Ahí no valdrá el corta y pega.

Una tesis sin negro, pero con power points