miércoles 20/10/21

El Gobierno suma votos para la ley del aborto

Al Gobierno le sobraron siete votos para rechazar las enmiendas a la totalidad de la nueva ley sobre el aborto, una ley de plazos sobre la que, previsiblemente, tendrá que pronunciarse el Constitucional si los populares llevan adelante el correspondiente recurso de inconstitucionalidad, tal y como ocurrió con la anterior ley, la de hace más de veinte años.

El Gobierno sumó votos, incluidos los del PNV, a pesar de la oposición dura de los obispos y de su amenaza de calificar de herejes y de excomulgar a los diputados que apoyen esta nueva ley. La postura de la Iglesia católica es conocida, aunque no tanto la vehemente beligerancia con las iniciativas de este Gobierno, que finalmente no se traduce en nada efectivo más allá de ruido y algo de furia.

El debate de totalidad fue áspero, como casi siempre, con descalificaciones personales gruesas, pero con el resultado previsible, el habitual de la legislatura con esa aritmética variable que permite al Gobierno Zapatero formar mayorías suficientes, incluso para leyes orgánicas.

Para facilitar la mayoría en la votación posterior y definitiva y para evitar tensiones innecesarias que pudieran acarrear una derrota a los socialistas, el Gobierno tiende la mano de las enmiendas a los discrepantes y aceptará cambios en el articulado durante el debate en comisión.

La pretendida soledad y el aturdimiento del Gobierno (eso que llaman miércoles de dolor por las sesiones de control) no se refleja en las votaciones que cuentan. El Ejecutivo sigue aprobando las leyes que defiende y la oposición no suma suficientes votos para castigar a los socialistas. Pese al evidente desgaste de Zapatero, sigue manteniendo más cintura que Rajoy para la aritmética y la geometría de los pactos parlamentarios.

Esta ley que amplía los márgenes del aborto podía haber constituido un 'waterloo' parlamentario para el Gobierno, pero no va a serlo. En táctica, Zapatero saca ventaja a sus adversarios.

Otro asunto es la "cuestión catalana" tras el editorial conjunto de toda la prensa editada en Cataluña con domicilio fiscal y social en la comunidad. El texto, un tanto épico y muy emocional, revela un estado de ánimo y una situación muy complicada. La iniciativa se fraguó tanto el entorno de Montilla como en las redacciones, pero fraguó rápido, a lo largo de esta semana, y constituye un evidente desafío a los magistrados del Constitucional, con incierto resultado. Los socialistas saldrán de esta confrontación entre regular y mal, sin beneficio para casi nadie, porque entre todos la han armado buena.

La ministra de Defensa dice que está "absolutamente" convencida de la constitucionalidad del Estatut, pero es juez y parte e incluso su vehemencia viene a decir que el asunto está vidrioso, que la inconstitucionalidad de buena parte del texto es la opción más probable. Y la secretaria general del PP se mete también en un berenjenal cuando dice que es "absolutamente" intolerable la presión que supone este editorial conjunto. Esa insistencia en la palabra "absolutamente" es cuando menos inadecuada, más aun en dirigentes de partidos que no paran de presionar al Tribunal. Esto va salir mal, empezó mal y mal acabará.

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