lunes 11.11.2019

Tirar la toalla

 

 

El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González ha dado, finalmente, carpetazo a su proyecto estrella en esta legislatura: la privatización de la gestión de seis hospitales, y el que ha pagado los platos rotos ha sido su consejero Javier Fernández-Lasquetty que en una decisión que le honra, en un país donde nadie dimite, se ha marchado, reconociendo que ha fracasado en el intento.

La decisión de paralizar el asunto se tomó horas después de que la sección tercera de la sala de lo contencioso administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid decidiera mantener la medida  cautelar contra de suspensión de la privatización. El tribunal no entra en el fondo de la cuestión pero es cierto que alargar en el tiempo una medida cautelar como esta, es un despropósito que dice bien poco una vez más de la justicia española y hubiera creado una inseguridad jurídica en las empresas implicadas.

Los jueces no son seres asépticos desprovistos de ideología pero si deben ser escrupulosos a la hora de emitir sentencias justas e imparciales

Ahora las preguntas que surgen son varias. De un lado cabe cuestionarse si estamos ante una  intromisión judicial que llevado a otros asuntos podría suponer la suspensión de cualquier medida de gestión política tomada por los representantes de los ciudadanos que han recibido la bendición de las urnas. Con esa perspectivas nos podemos preguntar, legítimamente por qué los tribunales no decretaron una suspensión cautelar en temas de tanto o mas enjundia como por ejemplo, el Estatuto de Cataluña recurrido ante el Constitucional.

Si el poder judicial tiene capacidad para paralizar cautelarmente cualquier decisión de los políticos nos podemos encontrar con que nuestros votos no sirven de nada y el compromiso de los partidos lubricado en su programa electoral tampoco.

Quien votó al PP en Madrid aplaudió la privatización de la gestión sanitaria y su mayoría fue tan amplia que el gobierno autonómico  estaba perfectamente legitimado para llevar a cabo la medida. Tan  peligroso resulta la politización de la Justicia y, de eso vemos casos  sobrados todos los días, como la judicialización de la política. Los jueces no son seres asépticos desprovistos de ideología pero si deben ser escrupulosos a la hora de emitir sentencias justas e imparciales con la ley en la mano. Su poder es tal que si no se despojan ideológicamente de sus convicciones serían simplemente un apéndice  más de los partidos políticos y podrían hundir a cualquiera que no opine como ellos, lo que haría tambaleares al estado de derecho.

Otra incógnita a resolver es por qué esta paralización se ha llevado a cabo en estos seis hospitales de Madrid cuando ya hay tres funcionando de esta manera con un elevado nivel de éxito y lo mismo ocurre en otras autonomías como Cataluña, donde hay 32 centros sanitarios externalizados, en Asturias que tiene 38 y así en otros muchos lugares como Andalucía, etc. ¿También se van a llevar ahora estos casos ante la Justicia?

Ignacio González ha tomado esta medida con la mirada puesta en las próximas elecciones

Vaya por delante que yo soy una firme una gran defensora de la sanidad pública española, que para sí quisieran muchos de los países más desarrollados del planeta. La sanidad es buena pero cara y desde luego no debe convertirse en un tema tabú, ni por parte de los profesionales ni por parte de los políticos. Unos y otros deben hacer autocrítica y en tiempos de crisis controlar el gasto y maximizar la eficacia debería ser una obligación de todos. Igual que no es de recibo las interminables listas de espera o contemplar esas imágenes denigrantes de los pacientes en los pasillos de los hospitales tampoco lo es la mala gestión de lo público y no se por qué la exigencia profesional ha de ser menor que en lo privado.

Es evidente que Ignacio González ha tomado esta medida con la mirada puesta en las próximas elecciones, y es muy probable que en su decisión haya pesado más tener un final de legislatura tranquilo que ser coherente con lo que piensa. No creo que haya cambiado de opinión ni que su criterio sea ahora distinto al que figuraba en el programa electoral del PP pero no quiere tener al sector en "pie de guerra" de aquí a las autonómicas del 2015... ¿Es esa la erótica del poder o algo más?

Tirar la toalla
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