lunes 09.12.2019

De president a president

Me topé, cara a cara, con Jordi Pujol cuando el expresident acababa de llegar al Congreso de los diputados, y se dirigía la capilla ardiente de Adolfo Suárez. Me reconoció de los viejos tiempos y se paró unos minutos conmigo. Tras un breve saludo de cortesía y preguntarle cómo se encontraba de salud hice una alusión a la tristeza del día, me hizo todo un razonamiento entre filosófico y político para rebatirme la reflexión. "Sra. Esteban no creo que hoy sea un día triste aunque estemos de duelo. Es una jornada de alegría y hay que vivirla como tal. He visto según venía para acá, la cantidad impresionante de ciudadanos que están intentado acceder al Congreso para despedir a Adolfo Suárez y eso es bueno, aunque se nos haya ido un gran hombre. Es muy bueno para un país tener un referente como Suárez y además hoy todos así lo reconocen, aunque tal vez sea un poco tarde. Sólo hay que escuchar lo que dicen los ciudadanos. Es un día para recordar".

Como fue un encuentro fortuito y el expresident de la Generalitat iba acompañado del presidente del Congreso Jesús Posada y muchos de los diputados de su grupo parlamentario no tuve tiempo de replicarle, pero al darme dos besos de despedida notó que me había quedado con las ganas. Tal vez por eso, unos pasos más adelante se volvió y llamó de nuevo mi atención insistiendo en si había entendido bien lo que me quería decir. "¡Perfectamente¡ gracias President", le dije.

Entendí muy bien lo que me decía el veterano político, pero lo que se me quedó en la punta de la lengua y, de ahí, que él notara mis ganas de continuar con la charla fue sugerirle que le diera un par de clases a Artur Mas de como saber estar a la a altura de cada momento histórico. Sólo unas horas antes el president de la Generalitat, había echado un borrón, puesto la nota amarga en la impresionante jornada -donde por unas horas el edificio de la Carrera de San Jerónimo revivió el espíritu de la transición- al confundir la capilla ardiente de Adolfo Suárez con un mitin político contra el adversario.

Mas confundió la capilla ardiente de Suárez con un mitin político contra el adversario

Yo no estaba allí cuando Artur Mas se acercó a dar el pésame, pero nada más llegar al Congreso lo primero que me contaron los compañeros, es que al líder de CiU no le importó que Suárez estuviera de cuerpo presente para imprimir a sus palabra de un tono de reivindicación independentista. "Adolfo Suárez se atrevió, se arriesgó y se quemó o lo quemaron. Hoy echamos en falta aquel arrojo y aquellos valores", dijo el president y añadió un par de parrafadas más bastante inoportunas, por cierto, para intentar poner en evidencia al gobierno de Rajoy.

Sostiene mi colega Antonio Casado que el presidente catalán es "un coleccionista de agravios y que los necesita para alfombrar su camino hacia el martirologio político. De modo que ahora se hará el ofendido por los reproches a su comportamiento en el Congreso". Es verdad, pero la gran diferencia es que en esta ocasión hasta los suyos le han afeado la conducta. El primero Miguel Roca -uno de los tres ponentes que quedan vivos de la Constitución del 78- que dijo sin ambages que era "un mal momento para instrumentalizar la figura de Suárez" y después el propio Jordi Pujol, que entró y salió del Congreso con la grandeza y el poderío de los Políticos con letras mayúsculas, de los hombres que han configurado la mejor etapa de la historia de nuestro país.

Se puede ser nacionalista o independentista, pero no es incompatible con tener las hechuras de un hombre de Estado

El expresident de la Generalitat está mayor, renquea al andar, ha aumentado esos tics -que tanto dieron que hablar cuando estaba en activo- pero tiene la cabeza tan bien amueblada como antaño y sigue teniendo un fino olfato político que impone respeto, como les ocurre a los grandes líderes. Se puede ser nacionalista, independentista o lo que se quiera, pero eso no es incompatible con tener las hechuras de un hombre de Estado -aunque sea de uno imaginario por inviable- y eso Mas ni lo tiene ni se le espera. Jordi Pujol ha relatado muchas veces que Felipe González le quiso meter en la cárcel y que en esos momentos de alta tensión nunca perdió la calma, el saber estar ni la compostura. Un cóctel de todos esos ingredientes le debía recetar a su pupilo como medicina diaria.

De president a president
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