miércoles 23.10.2019

Nuestro Tiananmen

Kiev, cuando se acaba de anunciar una frágil tregua, se convirtió ¡de repente! en una morgue improvisada. Esas imágenes terribles de casi un centenar de muertos y miles de heridos esparcidos en pleno centro de la ciudad deberían ser la foto fija que golpean las conciencias de una Europa que sigue actuando con parsimonia, y con una lentitud impropia ante lo que puede ser una auténtica guerra civil.

En Ucrania los manifestantes están muriendo porque quieren que su país esté bajó la influencia de una UE que se comporta, casi siempre, como la madrastra mala del cuento. El país está prácticamente dividido en dos: una mitad oriental que se inclina por mantenerse en la órbita de Rusia y la mitad occidental que quiere acogerse, como sea, a los acuerdos de la UE. Y en este escenario algunos auguran que el pulso se está librando entre Estados Unidos y Rusia, reviviendo aquel clima de tensión de la Guerra Fría. Putin tira de Ucrania en un intento de mantener su espacio de influencia en la que fueran las repúblicas soviéticas y Estados Unidos no quiere que eso ocurra. ¿Y Europa qué? Pues intentando ser sólo juez pero ¡claro! en este caso es también parte y eso no permite medias tintas.

De momento se han acordado una serie de sanciones según dicen "selectivas contra aquellos que son responsables de las violaciones de  derechos humanos, de la violencia y el uso excesivo de la fuerza". Las sanciones consisten en la congelación de activos que estos responsables tienen en territorio comunitario, así como la prohibición de entrar en su europeo. También se incluye la suspensión de licencias para exportar a Ucrania equipamiento que puede ser usado para la represión interna como material antidisturbios. En cualquier caso y pese al carácter de urgencia que se le ha dado a la mismas, la lista definitiva de la personas sancionadas no se conocerá hasta dentro de dos o tres días y se refiere a unas diez personas del régimen pero se excluyen a Yanukovich y sus colaboradores más cercanos, con los que su eficacia es dudosa.

Sea como fuere lo cierto es que Ucrania, que consiguió su independencia en 1991 tras desintegrarse la URSS sigue teniendo como reto la libertad y se encuentra en una encrucijada que está provocando un auténtico baño de sangre. Estos días se ha recordado el perfil de la población ucraniana del que dieron muestra no solo oponiendo al régimen stalinista, sino en su resistencia heroica y sangrienta frente a las tropas nazis. Ahora los ucranianos han reanudado el activismo en sus ciudades y la brutal represión que se ha utilizado para hacer frente a las revueltas con el ejercito y los francotiradores no ha hecho sino abrir una espita complicada de cerrar.

¿Cómo no iban a reaccionar los gobiernos de la UE con un Tiananmen en el corazón de Europa? se preguntaba Franco Venturini, editorialista del Corriere della Sera, intentando explicar que si la UE hubiera mantenido silencio la Europa Comunitaria habría traicionando sus valores, renunciado definitivamente a ser un a ser un actor político y abierto una peligrosa fractura con Washington. Aun así la respuesta de la Unión, cuya eficacia esta por demostrar, ha sido tardía y demasiado tibia y ha llegado solo después de tener su propio Tiananmen, lo cual es un dato para la reflexión.

Cuando escribo estas líneas sale por agencias la noticia "urgente" de que Yanukovich ha anunciado elecciones anticipadas y un gobierno de unidad nacional. Mientras, se siguen oyendo disparos de francotiradores en la plaza de la independencia y los indignados no se fían ya de quien dio la orden de tirar a matar. Ucrania tiene el derecho de ser libre y europea y nosotros debemos ayudarla.

Nuestro Tiananmen
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