Martes 13.11.2018

Una única Europa ante la inmigración irregular

La gestión de la inmigración irregular se ha convertido en el principal desafío para la Unión Europea. Y no sólo por la principal y más evidente razón, que es que se trata de un drama al que hay que dar la respuesta humanitaria más adecuada.

También porque se trata de un problema que los movimientos populistas de nuestro continente están usando interesadamente con el fin de inflamar aún más la legitima preocupación de los ciudadanos ante los efectos de la globalización o de la crisis económica.

Todo ello, como estamos viendo recientemente, con el objetivo de dividir nuestras sociedades y de minar el futuro del proyecto de la UE, que es lo que, en último término, pretenden los movimientos populistas y xenófobos. La actitud del gobierno italiano actual, que ha hecho del rechazo a los inmigrantes una de sus principales banderas, es buena prueba de ello.

En los últimos años ha habido múltiples intentos de poner en pie en la UE una política migratoria común. Se han hecho sin duda avances importantes. Pero también es evidente que no es suficiente y que el compromiso de todos los países es escaso. Se trata de un desafío complejo en el que confluyen numerosos factores y que afecta a múltiples países, tanto a los de la Unión como a sus vecinos, en particular los de la cuenca mediterránea.

Es hora por tanto de afrontar con verdadera voluntad política el problema de la crisis migratoria, superando intereses o egoísmos nacionales que sólo pueden funcionar, en todo caso, en el corto plazo.

La gestión de la inmigración irregular no debe corresponder solamente a los países del sur como España. En un espacio abierto a la libre circulación de personas, como es Schengen, la frontera de un país no es solo la frontera de ese estado sino también la de la UE. Es decir, las fronteras de España o Grecia son también las fronteras de Alemania o Finlandia.

La solidaridad de unos países con otros en este ámbito no debe ser concebida como como una concesión en el contexto de las habituales negociaciones entre los 28, sino como una obligación. Al igual por cierto, que ocurre y debe ocurrir con otras políticas comunitarias en las que todos los países contribuyen de una u otra manera.

Acabar con las divisiones entre los países de la UE que hemos vivido en los últimos años respecto a este desafío, y que estos días seguimos sufriendo, es por tanto el primer y más importante paso a dar.

Las respuestas unilaterales no son eficaces ante desafíos de la magnitud de la inmigración irregular. Mucho menos lo son las efectistas o cosméticas. Como tan bien se encargó Robert Schuman de recordarnos setenta años atrás, los problemas europeos no se solucionarán de una vez ni en una obra de conjunto, sino mediante acciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho. Solo así acabaremos con el drama humanitario de los refugiados y solo así salvaremos al proyecto europeo de los populismos que intentan destruirlo.

Esteban González Pons es Portavoz del PP y vicepresidente primero del Grupo PPE en el Parlamento Europeo

Una única Europa ante la inmigración irregular