viernes 21/1/22

Los nervios de Salgado

En política, salvo casos extremos, las decisiones no se toman "con mala fe". Es un principio democrático que, aunque se discrepe de un argumento concreto, se acepta que el contrario lo adopta creyendo que es lo mejor que se puede hacer bajo su punto de vista. Repito. El famoso "talante" es eso. O al menos yo, como el más miserable de los mortales. Creemos que es así. Por eso, sólo desde una situación "al borde de un ataque de nervios" puedo aceptar el argumento de la vicepresidenta Elena Salgado de que "en los años setenta, la percepción de una pensión por jubilación duraba una media de cinco años, y ahora dura quince años". Un argumento que ha dado lugar al cachondeo generalizado entre la ciudadanía. El más común, ése que dice que este Gobierno quiere hacer coincidir la edad de jubilación con la de la desaparición física de un ciudadano.

Tan macabra idea, propia de las reflexiones contenidas en el Mein Kampf de Adolf Hitler, sólo se podría entender por el estado de ánimo que, me dicen, invade el viejo caserón de Alcalá, la sede de la Vicepresidencia Económica. Las órdenes de Moncloa, casi a gritos del "tranquilo pero menos" ZP, son claras: buscad lo que sea, haced lo que sea, sacad ideas, informes y documentos de donde sea, pero parad esta crisis no sólo económica, sino de confianza, de credibilidad. Porque a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió, pero en sentido inverso a la meta planteada por quien esto dijo.

Y a Salgado no le llega la blusa al cuello. Altos funcionarios que trabajan en Alcalá me cuentan que los gritos, las malas caras, las discrepancias públicas son bien conocidos por todos. A pesar del desmentido oficial, Salgado y Campa no se hablan. El secretario de Estado de Economía no estuvo presente en la rueda de prensa del Consejo de Ministros en la que se informó del Plan de Austeridad, cuando se presentaban aspectos tan importantes de sus competencias como es el escenario macroeconómico en el que se desarrollará dicho plan. Sólo estaba presente el secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, que parece haberse convertido en el paño de lágrimas de Salgado. Es decir, el número dos de facto en Economía.

También es cierto lo que se ha insinuado y han intentado desmentir desde Moncloa. Corbacho se opuso tajantemente a la prolongación de la edad de jubilación. Conclusión: Zapatero le ha bajado a la "segunda división" ministerial y el titular de Trabajo le ha respondido no asistiendo al Consejo donde se aprobaba la decisión más importante tomada en medio siglo por el Departamento que todavía dirige.

Ya no hay dudas. La peor consecuencia de la crisis no es que haya cuatro millones de parados, que el déficit público se haya desbocado hasta sobrepasar el 11%, y que prácticamente todas las cajas fuertes del sector financiero español sólo tengan telarañas. Lo peor es que, encima, hay un Gobierno cuya incapacidad ha llevado a la desunión y ruptura de sus miembros. Hasta llegar, incluso, según me cuentan, a la enemistad personal entre unos y otros.

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