Martes 16.10.2018

Enrique Cerezo y las cerezas: muerdes y sale sangre

 ¡Qué manera de palmar!, escribió Joaquín Sabina en su himno del Atlético de Madrid hablándonos tanto de saber ganar como principalmente de saber perder con sentido de la épica y la estética. Configuraba así el poeta cantor un borrador silvestre de esa metáfora de la vida dentro de la sociedad del ganar sobre todos y todo, y del éxito por el éxito, que es, a menudo, el fútbol… Sí, un borrador silvestre y lírico de la ética del superviviente que se sabe levantar tras las heridas del combate porque en verdad puede perder la batalla pero no la fe… 

   ¡Y que viva mi Atleti de Madrid!

   Sin embargo don Enrique Cerezo, rostro graso, traje caro, pelo entrecano que recuerda a la cima de una montaña no tan alta como para que la nieve sea perpetua, ojos juntos tras unas gafas que en las fotos se diría que lloran solas, bien parece menos un jugador de fútbol que un jugador de póker de cine negro de Enrique Urbizu, aquí, en medio de esta balada de gamberros –por decirlo con palabras de Francisco Umbral- que asemeja a veces ser el mundo empresarial de la capital de las Españas.

   Don Enrique Cerezo es hoy más un hombre del cine con su lujo de pedrería y brillantes que uno del fútbol épico, pues, a diferencia del borrador ético del fútbol épico, el cine busca sobre todo la visibilidad. 

   ¡Ah, la tan preciada visibilidad! 

   El fútbol, igual que el cine, da visibilidad rentabilizable y eso ya nos lo enseñaron tanto aquel antihéroe con aire de tabernón castizo y catastrófico, don Jesús Gil y Gil, dios le guarde, como su discípulo aventajado del Madrid chulapo don Enrique Cerezo.

   Tenemos mucho que aprender, en esta sociedad nuestra oscura o con pocas luces como una novela gótica, esta sociedad donde la visibilidad cuesta y renta, sobre los métodos de automárketing como ese de subirse a la cima del fútbol para ver como se ve el mundo económico desde allí arriba, y, sobre todo, para que te vean y distingan: todo mismamente como si acabas de convertirte en rutilante estrella de cine patrio, para que así frases como “el Caso Lezo se basa sólo en teorías y sospechas y debe ser archivado”, o como “mi yerno fue contratado para dirigir las obras del Wanda, ¿qué pasa?”, puedan ser pronunciadas con empaque y sin disonancia alguna , así, con la normalidad arrogante y defensiva del actor de ego duro por muy acostumbrado a pelear con quienes riegan con tinta las flores de hojas de tabloide...

   Don Enrique Cerezo, jugador del póker del fútbol y del póker de las finanzas, personaje a su pesar él que siempre ha estado tras la cámara o recámara, tal vez por un trastorno derivado de la visibilidad obtenida sin ser  actor o delantero centro, está trayendo a nuestra vida formulaciones verbales nuevas como Caso Contratos Wanda y como Caso Lezo, y, al parecer, esas palabras nos les gustan demasiado ni a los periodistas de investigación ni a los jueces por tener un inopinado trasfondo turbio no de cine de oropel sino, uff, de novela hard-boiled socialrealista del gran Lorenzo Silva: nos referimos a alguna de esas novelas en en las que, en cuanto alargas la mano, sale un guardia…

   De pronto las novelas negras, que siempre se parecieron un poco más a la realidad y al fútbol que al cine, se asemejan también a la literatura para gloria de los retratos verbales que les hacemos a los personajes más visibles de nuestro hoy.

   Ya lo dijo el poeta de las cerezas Agustín Delgado, una suerte de Joaquín Sabina hermético y de provincias, acaso refiriéndose a ese personaje de actualidad candente don Enrique Cerezo: mi corazón es un jarrón de cerezas: muerdes y sale sangre. En fin.

Luis Artigue, escritor

www.luisartigue.org

www.dondesiempreesmedianoche.com

Enrique Cerezo y las cerezas: muerdes y sale sangre