miércoles 27/10/21

El PP jalea a los sindicatos

Dejando de lado el habitual baile de cifras, los dos sindicatos mayoritarios de ámbito estatal, UGT y CCOO, lograron ayer una apreciable respuesta a su llamamiento para ocupar las calles en contra de la reforma del sistema de pensiones y, más en concreto, el aplazamiento de la edad legal de jubilación.

La movilización supone, es verdad, una especie de punto final a la luna de miel que hasta ahora había caracterizado la legislatura y media que está a punto de cumplir el presidente Rodríguez Zapatero. Nada menos, pero ¿algo más?

Igual que el cómputo de manifestantes varía, esta vez como otras, también son y van a ser muy variopintas las lecturas del primer episodio de confrontación, de momento poco más que desencuentro, entre las cúpulas sindicales y el Ejecutivo socialista.

Bastantes interpretaciones tienden desde hace días a buscar paralelismos con la gran victoria sindical de 1988, aquella huelga general del 14 de diciembre, hasta el momento la única de las varias convocadas que en verdad ha logrado paralizar el país en periodo democrático. Entonces, el choque fue contra el Gabinete que encabezaba Felipe González y existe cierto consenso en considerar que el presidente quedó tocado tras aquella jornada... aunque para nada hundido, puesto que volvió a vencer en las elecciones de 1989 y, más en precario, otra vez en las de 1993. Acabó perdiendo las de 1996, casi ocho años más tarde, básicamente como consecuencia del cansancio y la multiplicación de casos de presunta y demasiadas veces probada corrupción en las filas socialistas.

Sobran evidencias de que la presente se parece poco o nada a aquella situación. Puede, además, que los dirigentes sindicales aprendieran entonces que su victoria en la calle acabó, aunque concurrieran otros factores, en la crisis con que arrancó la década de los años 90, alcanzando unos niveles de destrucción de empleo y déficit público que sí suenan parecidos a los de hoy. De ahí que no esté ni mucho menos claro que UGT y CCOO se hayan conjurado para derribar al Ejecutivo ni, lo que sería más importante, estén menos preocupados que la mayoría por los muchos meses acumulados de práctica inacción.

Lo que sí recuerda a 1988 es la actitud de la oposición. Ahora, como entonces, el Partido Popular parece cimentar la ilusión de ver al presidente socialista apeado del poder por la presión de los sindicatos. Por si no estuviera claro, uno de sus portavoces, el valenciano Esteban González Pons, pocas horas antes de que las calles se llenaran de manifestantes, jaleaba ayer la actitud contestataria de los sindicatos exclamando un ¡ya era hora! que despeja cualquier posible duda... ¿o no?

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