viernes 3/12/21

Mirando al IVA...

Ha sido Estocolmo, no el Palacio de la Moncloa, el lugar elegido por el presidente Rodríguez Zapatero para empezar a concretar por dónde piensa el Gobierno que toca subir los impuestos el próximo año. Cuesta entender que dijera el lunes, en la capital de Suecia, lo que eludió comprometer el viernes previo, pero bien mirado dista de ser sustancial. Más relevante es su afirmación de que se elevará el gravamen sobre plusvalías y rentas de capital, pero no se alterará la escala impositiva del Impuesto sobre la Renta (IRPF) y no sólo no se revisarán al alza los tipos de Impuesto de Sociedades, sino que algunos supuestos serán objeto de reducción.

Gravar el ahorro en un país cuya sociedad no es precisamente propensa a practicarlo es ya de por sí discutible, pero sería un tanto frívolo criticarlo en genérico, porque se puede hacer de distintas formas y no todas comportan los mismos efectos: corresponde, pues, esperar a conocer una mayor concreción de lo que el Ejecutivo está preparando incluir en el proyecto de ley de Presupuestos para el 2010. Sí se puede anticipar que la recaudación fiscal por este concepto no está entre los capítulos más abultados de la estadística de ingresos tributarios.

Cabe pensar, por tanto, que los dos aumentos impositivos anticipados por el presidente del Gobierno difícilmente van a ser los únicos o, caso que lo fueran, difícilmente van a poder remediar de forma significativa el agudo desajuste entre ingresos y gastos que padece el Estado. ¿Qué puede estar pensando y, por ahora, eludiendo mencionar?

Descartada una elevación de tipos en el IRPF, no queda más remedio que fijarse en el Impuesto de Valor Añadido (IVA), tanto por su peso relativo en el conjunto de los tributos como por la facilidad con que se recauda. A lo que cabe añadir que España aplica uno de los tipos más bajos de la Unión Europea (UE), o la realidad de que alrededor de 60 millones de personas foráneas visitan cada año el país.

Sólo dos estados comunitarios, Chipre y Luxemburgo, mantienen un tipo general de IVA (15%) inferior al español; único, por cierto, fijado en el 16 por ciento. El promedio de la Unión se acerca al 20 por ciento, con un máximo del 25 por ciento en Suecia y Dinamarca, y rangos intermedios en Francia (19), Italia (20) y Portugal (21). Sugiere, por tanto, margen para poder incrementarlo, aunque la hipótesis reclama alguna importante matización.

Hay que tener muy en cuenta los riesgos que comporta subir la tributación directamente aplicada sobre el consumo, dado que la caída de la demanda interna es uno de los renglones que está contribuyendo en mayor medida a la fuerte contracción del PIB.

Por otra parte, la tasa de IVA se debe incardinar dentro de la estructura fiscal, buscando comparaciones homogéneas a la hora de determinar una posible aproximación. El caso de los países nórdicos (Suecia, Dinamarca y Finlandia), situados a la cabeza de la escala de gravamen, es ilustrativo puesto que han elegido este impuesto como vía para financiar los costes de la seguridad social, en lugar de asociarlos directa y exclusivamente al empleo.

En todo caso, puestos a ser realistas, quizás no quede otro remedio que tener en cuenta la probabilidad de que, tal como están planteadas las cosas, el Gobierno no disponga de muchas alternativas a sumar uno o dos puntos al tipo general de IVA actualmente en vigor. Lo deseable sería que esa eventual alza de la presión fiscal sobre el consumo, esto es la imposición indirecta, formara parte de una revisión a fondo del modelo tributario. Si no en lo inmediato, al menos como compromiso a medio plazo, incluso si tarda más de lo anunciado la tan ansiada recuperación... o precisamente por eso.

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