domingo 26.01.2020

El doble castigo francés

Suelen decir, en Francia como en otras partes, que las elecciones intermedias tienden a ser más que propicias para dar palo a quien ostenta el poder. También se acostumbra a afirmar que los comicios a doble vuelta propenden a matizar en la segunda los correctivos vertidos en la primera. Verdad o equívoco, no es seguro que el voto expresado por los franceses, ayer, domingo, responda del todo a esa frecuente suposición.

Será preciso, sin duda, profundizar más de lo que permite una aproximación de primera hora, pero parece inequívoco que las urnas han expresado un castigo bastante más que simbólico al Gobierno y el partido del presidente Sarkozy. El avance de los candidatos de la izquierda verde recién juntada, ya anticipado en la primera ronda, se ha consolidado incluso con un leve aumento de la participación, bien es verdad que lejos de la movilización a que aspiraba el centro derecha. ¿Es suficiente para interpretar que el electorado está migrando con mayor alcance y profundidad que el simple deseo de lanzar una advertencia?

Sin duda, la crisis económica está desempeñando un papel en todo cuanto acontece y es presumible que las elecciones regionales francesas no hayan sido excepción. Pero tampoco se puede obviar que la economía gala es de las que mejor, o menos peor, está soportando los problemas, sea fijados en la tasa de desempleo, el déficit público o la evolución del Producto Interior Bruto (PIB). Puede, por tanto, que haya que pergeñar alguna interpretación más.

La cuestión de fondo es cómo y por qué un apoyo masivo de hace apenas dos años se ha tornado en semejante desafección; sea por cambio de tendencia en el voto emitido o mediante el rechazo que entraña elegir la abstención.

Una lectura posible, en tanto parece aplicable al caso, es lo negativo que resulta a medio plazo haber concitado expectativas de ejercer de otra forma el poder y no haberlas traducido en nada tangible a ojos de la sociedad. Son varios los casos de dirigentes políticos que se han aupado a base de proclamar un estilo y una práctica distintos a lo habitual, pero a la hora de la verdad han acabado haciendo igual o incluso peor que los predecesores, a los que cargaron de críticas y cuyas prácticas llegaron a denostar. La duda razonable está en si el compromiso fue sincero o si, siéndolo, la maquinaria institucionalizada en torno al Gobierno puede siempre más que los apóstoles del cambio... por sinceros y bienintencionados que pudieran ser.

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